jueves, 18 de junio de 2015

No hay Feria del Libro sin Gabriel García Márquez

Nueve amigos del Nobel le rinden homenaje en la inauguración de la FIL de Guadalajara

Homenaje a Gabriel García Márquez, este sábado. / Saúl Ruiz./elpais.com
Gabo, una vida mágica.Novela gráfica, de Óscar Pantoja./revistaarcadia.com

En la misma mesa en la que Gabriel García Márquez se sentó en 2008 para no decir ni una palabra, en un homenaje a Carlos Fuentes al que honró con su silencio, se sentaron este sábado nueve de sus amigos a los que se les llenó la boca con su nombre. El Nobel colombiano volvió a ayudar este año a abrir la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, como tantas veces hizo en vida. Gabo colgó el cartel de “cupo lleno” en la sala Juan Rulfo igual que en 2007 cuando dijo aquello de: “¡Cuánto queremos a Álvaro Mutis!”. Porque como contó su amiga y escritora Ángeles Mastretta “morirse no será lo suyo, morirse para García Márquez va a ser más difícil de lo que lo fue para Aureliano Buendía”.
El escritor volvió al corazón de la FIL, que tantas veces visitó en vida, convertido en un ser inmortal. Volvió a arrancar los aplausos de sus últimas visitas, que hoy hay que buscar en Youtube y que de tan largos y tan sonoros hacían que el escritor se llevara la mano la cara en señal de vergüenza, como un niño que no acepta los elogios. Al igual que aquella vez en 2008 en la que llegó, se sentó al lado de Fuentes y sonrió. Eso le bastaba para enamorarlos a todos.
"Somos la mesa más afortunada del mundo", dijo Claudio López de Lamadrid, director editorial de Penguin Random House, al comienzo del homenaje. Entonces se dejó de hablar de García Márquez, muerto en abril de este año, y se empezó a hablar del Gabo. Del periodista, el escritor, el amigo, el maestro. Del "peor conductor del boom y del postboom" y del que nunca se perdía una "parranda vallenata". De aquel que en las cenas pedía pescado y una copa de champaña y al terminar preguntaba: "Y ahora, ¿dónde la seguimos?".
El sueño no cumplido del escritor era fundar el mejor periódico de América Latina
Jaime Abello Banfi, director de la Fundación Nacional de Periodismo Iberoamericano (FNPI) que el propio escritor fundó, contó la historia de éxito de un fracaso, un capítulo poco conocido del hombre del que se cree que ya se sabe todo. Gabriel García Márquez vivió con la obsesión de fundar un periódico. “No quiero que se me recuerde por Cien años de soledad ni por el premio Nobel, sino por el periódico. Nací periodista. Quiero que hagamos el mejor diario de América Latina (...) que nunca nos rectifiquen”, le dijo una vez a su colega antioqueño Darío Arizmendi, tal y como recoge éste en su libro Gabo no contado, publicado este año.
Lo más parecido a cumplir su sueño llegó cuando tenía 24 años, un año antes de escribir La Hojarasca. Fundó Comprimido, un diario gratuito que salió a las calles de Cartagena de Indias durante seis días en 1951. El último editorial, de su propia mano, decía así: "Comprimido dejará de circular desde hoy, aunque solo de manera aparente. (...) Desde este mismo instante, éste empieza a ser el primer periódico metafísico del mundo". 
"Gabito fue un hombre perseverante, que se preocupaba por educar, un hombre muy pragmático, él era noventa por ciento de realismo y diez por ciento de mágico. Al final nunca pudo hacer el periódico, pero creó una fundación para que alguien, algún día, haga el periódico que soñó", remató Abello Banfi.
Gabito era noventa por ciento de realismo y diez por ciento de mágico
JAIME ABELLO BANFI
Las anécdotas las fueron poniendo uno a uno el escritor y guionista cubano Senel Paz, la Secretaria General Iberoamericana, Rebeca Grynspan, la editora del Grupo Planeta Doris Bravo, la editora española Pilar del Río, el escritor colombiano Jorge Franco o la directora general del Instituto Nacional de Bellas Artes de México, María Cristina García Cepeda, que recordó como el autor decía que Cien años de soledad es un vallenato de 400 páginas y El amor en los tiempos del cólera un bolero de 380".
Las palabras del Nobel vuelven a llenar hoy Guadalajara como antes lo llenaban sus silencios. García Márquez vuelve un año más a marcar la salida de la fiesta de la literatura. No hay Feria del Libro sin Gabo.

 La negociación del archivo de Gabriel García Márquez 

 Cinco problemas esenciales 
A propósito de la disputa a raíz de la negociación del archivo personal de Gabriel García Márquez, presentamos cinco puntos esenciales alrededor de esta discusión.
El pasado 23 de abril de 2014, seis días después de la muerte del Premio Nobel de Literatura Gabriel García Márquez, publiqué el artículo “El archivo de Gabriel García Márquez: anotaciones para un proyecto de repatriación”, en el que llamaba la atención sobre el hecho que, más allá de los bustos, homenajes y ceremonias oficiales conmemorativas, había que pensar seriamente en que el gobierno de Colombia comprara, con recursos públicos, el archivo de García Márquez a sus herederos, ante la posible compra por instituciones internacionales. En últimas, ese era el mejor homenaje posible: rescatar y difundir la memoria de Gabo no mediante discursos y burocracia conmemorativa, sino con hechos concretos como la adquisición, repatriación y conservación de su archivo personal en la misma tierra que decretó su expulsión.
Sin embargo, el 24 de noviembre la prensa anunció que el archivo del escritor había sido comprado por la Universidad de Texas, institución que desde hace varios años viene comprando archivos artísticos y literarios latinoamericanos. Un episodio que se suma a la donación de la extraordinaria biblioteca de Julio Mario Santo Domingo Braga a la Universidad de Harvard, gracias a la generosidad de la familia Santo Domingo. Sobre el archivo de Gabo, la Ministra de Cultura afirmó, luego que el escándalo estalló, que a finales de 2013 había enviado una delegada para hablar del archivo con la familia del escritor. En este contexto, valdría la pena preguntarnos, ¿qué errores cometió el Ministerio de Cultura en la negociación? ¿Cuántos archivos ha repatriado Colombia en su historia? ¿Está bien enfocada la política de patrimonio cultural mueble del país?
I.
En términos generales, para la opinión pública es común creer que las personas que tuvieron una posición privilegiada (económica, social o intelectual) deberían, por principio, regalar sus bienes al Estado, es decir, deberían construir (con su propio dinero) vías y acueductos para sus pueblos de origen, como si esto no fuera responsabilidad del Estado. Efectivamente, a la mayoría de intelectuales se les exige “hacer algo” por su país, entendiendo ese “algo” como construir hospitales, colegios y universidades públicas, olvidando que entregar la vida a la cultura y darle brillo al arte, la historia o la literatura, además de buen nombre al país, es hacer mucho más que “algo”.
La creencia popular de que el intelectual debe regalar su patrimonio (como si ser intelectual no implicara, al menos en principio, un acto de renuncia), aplica de forma especial cuando hay patrimonio cultural en juego. A pesar de no existir una Ley de Mecenazgo en Colombia, es común asumir que los intelectuales, al momento de morir, deben olvidarse de su familia y entregar, en su último gran acto público de renuncia, su patrimonio al pueblo, sin ninguna condición, en contraprestación por lo que el país, dicen algunos, “les ha brindado”. Al intelectual se le pide que ingrese, en un gesto heroico, al centro del circo romano y se entregue por completo a las fieras, que terminarán de despedazar hasta el último gramo de su cuerpo.
En esta misma línea, los encargados tradicionales de la cultura (tal vez, con excepción del Banco de la República), han creído que “negociar” un archivo literario o una colección de arte es ir donde el dueño y decirle "oiga, queremos su archivo, ¿me lo regala?", así este “regalo” sea el patrimonio más valioso y la única herencia de su propietario. Lo curioso es que, después de la propuesta, casi siempre hecha de forma arbitraria y ofensiva, el mismo Estado desaparece por completo. Por ejemplo, tengo que recordar cuando, hace unos años, ayudé a ofrecer en donación al Museo Nacional (institución del Ministerio de Cultura) una biblioteca de historia surcolombiana con seis mil libros, la mayoría sin copias en el Museo, una biblioteca dejada por un historiador fallecido. Aunque inicialmente el Museo Nacional mostró interés, después de la atención inicial, el Ministerio desapareció y ni siquiera envió una carta a los donantes para establecer el camino a seguir. Un largo silencio fue más que suficiente para espantar a los herederos.
No es un episodio exento, así ha actuado el Ministerio de Cultura en repetidas ocasiones, y por eso la política colombiana de patrimonio mueble es un asunto complejo, espinoso y que despierta suspicacias en los propietarios de patrimonio artístico, bibliográfico o documental, quienes habitualmente prefieren trabajar con instituciones como el Banco de la República o el Archivo de Bogotá, más eficientes en la gestión, o simplemente vender sus bienes fuera del país, porque las instituciones del Ministerio de Cultura no dan abasto, ni siquiera para velar por el archivo particular del único Nobel que ha tenido Colombia.
Cualquier negociación es un proceso que excede una “conversación” informal (como la que habría tenido la directora de la Biblioteca Nacional con la familia de Gabo), es un proceso largo que implica voluntad política, seguimiento, presupuesto, conocimiento, inventarios actualizados, avalúos individuales, alguien a cargo permanentemente y dinero para comprar la colección en cuestión. Esta lección la ha entendido claramente la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, mientras que, el Ministerio de Cultura, históricamente, se ha hecho el de la vista gorda.
Llevando lo anterior al tema del archivo de Gabo, es necesario recordar que el Ministerio de Cultura afirmó, en un comunicado de prensa del 24 de noviembre de 2014 (escrito luego de un derecho de petición con varias preguntas enviado por mí una hora antes), que a finales de 2013 envió como delegada a Consuelo Gaitán, directora de la Biblioteca Nacional, para “comunicar a la familia García Barcha el interés porque el legado del escritor reposara en Colombia y específicamente en los fondos de la Biblioteca Nacional”.
Ante esta afirmación debemos preguntarle al Ministerio si ¿existe algún acta del Consejo Asesor de Patrimonio del Ministerio de Cultura en donde se autorice el envío de esta delegación y se evidencie el interés y la discusión patrimonial sostenida por la entidad para adquirir el archivo? ¿Bajo qué modalidad propuso el Ministerio de Cultura a la familia García Barcha traer el archivo al país? Es decir, ¿estaban esperando un regalo de la familia? ¿O hubo por parte del Gobierno de Colombia una oferta concreta que pudiera entrar en competencia con la oferta de la Universidad de Texas? Responder esta pregunta es clave, porque permitiría establecer si existió una estrategia real de adquisición por parte del Gobierno Nacional o si todo fueron palabras, sin mayor formalidad, que terminó llevándose el aire.
II.
El Ministerio de Cultura, en el mismo comunicado, “exalta que el archivo literario de la Universidad de Texas es uno de los más importantes del mundo, puede garantizar su conservación, así como el uso para fines públicos y de carácter académico, además valora el prestigio de este centro universitario donde reposan archivos tan importantes como el del escritor argentino Jorge Luis Borges y el irlandés James Joyce”.
Entonces, siguiendo este razonamiento, habría que preguntarle al Ministerio, llevando la noción de patrimonio más allá del patrimonio documental, ¿si está de acuerdo con que museos extranjeros adquieran objetos prehispánicos y coloniales, so pretexto de que van a estar mejor conservados en el Museo de América de Madrid o en el Metropolitan de Nueva York? Así mismo, si se tratara estrictamente de un asunto de “conservación” (sin más consideraciones de índole histórica, patrimonial o simbólica para el país), valdría la pena preguntar si el patrimonio cultural mueble de Colombia no estaría mejor conservado en colecciones privadas del extranjero, es decir, en manos de particulares que compran con su dinero, valoran, prestan, exhiben, cuidan y hasta digitalizan los objetos culturales que Colombia deja escapar por los sumideros?
¿La afirmación realizada por el Ministerio de Cultura no sería, un poco, reconocer el fracaso de la política colombiana de patrimonio cultural mueble y el fracaso de las instituciones nacionales de la cultura a la hora de gestionar y trabajar con colecciones privadas?
III.
La página en Facebook de la Biblioteca Nacional publicó el 24 de noviembre, en horas de la noche, un escueto comunicado de prensa procedente de la familia García Márquez (sin firmas manuscritas, sólo con la impresión “Mercedes, Rodrigo y Gonzalo”) en el que se afirma: “nosotros decidimos que el archivo de los documentos literarios y del correo fuera al Centro Harry Ransom, por ser uno de los lugares que hace este tipo de archivo y preservación de documentos mejor que nadie”. Sin embargo, ningún miembro de la familia dice, en el comunicado, el porqué de esta decisión, y si, de hecho, la venta a Texas se debió a la falta de interés del gobierno de Colombia. En una entrevista anterior, la familia García Barcha afirmó claramente que no recibieron ofertas del Gobierno y que a esto se debió la decisión de vender el archivo a la Universidad de Texas.
IV.
Resulta paradójico que, mientras se entregaba el Premio Hispanoamericano de Cuento Gabriel García Márquez, dotado con 100.000 dólares de premio, Colombia concretó la pérdida, casi el mismo día, el archivo particular de Gabriel García Márquez, el legado más importante del escritor, ante la falta de ofertas del Gobierno Nacional, según afirmó la propia familia del escritor. Entonces, ¿qué parece interesarle más al Gobierno? ¿La sonoridad internacional que dan los premios literarios cargados de dinero o la investigación y el desarrollo cultural de Colombia (a partir de las fuentes primarias que dejó su expatriado y perseguido escritor insignia)?
Ningún libro gratuito y ningún premio literario saldará la pérdida del archivo, una pérdida a perpetuidad, que ya tiene visos de convertir al gobierno actual en heredero de la tradición inaugurada por el ex presidente Carlos Holguín, quien, bajo su gobierno, entregó a España el Tesoro Quimbaya, la pérdida patrimonial más grande que recuerde Colombia, que se suma a otros archivos y bibliotecas que ha dejado perder el país bajo el silencio de la Biblioteca Nacional, como la biblioteca particular de Bernardo Mendel, tal vez, la biblioteca privada latinoamericanista más importante del mundo en su época, adquirida por la Biblioteca Lilly de la Universidad de Indiana en la década de 1950.
V.
¿Cuántos archivos privados (literarios, científicos o históricos) ha repatriado el Ministerio de Cultura en toda su historia? ¿Cuántos durante los últimos seis años? ¿Qué papel juega la recuperación de los archivos privados de expatriados e intelectuales (especialmente, los de izquierda) en la consolidación del Proceso de Paz, en el establecimiento de procesos de reconocimiento, justicia y reparación de víctimas, y por supuesto, en el postconflicto? A estas alturas, ¿sería posible que el gobierno colombiano iguale la oferta económica de la Universidad de Texas, bloquee la finalización de la negociación y el archivo se quede en la Biblioteca Nacional? Examinar las tendencias históricas en el manejo del patrimonio cultural mueble, permitiría entender claramente por qué el archivo García Márquez no quedó en el país para el disfrute, la investigación y la pacificación de Colombia.

miércoles, 17 de junio de 2015

¿Cuánto vale el archivo de Gabo?

Informe especial

Varios millones de dólares debió costar el archivo privado de Gabriel García Márquez, a juzgar por negociaciones anteriores del comprador y del intermediario


El Dr. Stephen Ennis es el director del centro Harry Ramson, ubicado en la Universidad de Texas, en Austin (EE.UU.). Foto: Universidad de Texas.
Apuntes de Gabriel García Márquez para  El general en su laberinto. /Centro Harry Ransom


Galeras de  El otoño del patriarca  de Gabriel García Márquez, con apuntes y correcciones./Centro Harry Ransom.


Mecanuscrito de  El amor en los tiempos del cólera, anotado por Gabriel García Márquez./Centro Harry Ransom.


Mecanuscrito de Cien años de soledad  de Gabriel García Márquez. /Centro Harry Ransom.


Gabriel García Márquez revisando el texto de  Cien años de soledad./Centro Harry Ransom.


Primer borrador del discurso de aceptación del Premio Nobel de Literatura de Gabriel García Márquez./Centro Harry Ransom.

Primer borrador del discurso de aceptación del Premio Nobel de Literatura de Gabriel García Márquez./Centro Harry Ransom.


Apuntes de Gabriel García Márquez para  El general en su laberinto./Centro Harry Ransom.


Gabriel García Márquez y su esposa, Mercedes Barcha, en Bogotá, 1967./Centro Harry Ransom.

Pasaporte de Gabriel García Márquez./Centro Harry Ransom.

Cinco millones de dólares pagó la Universidad de Texas en 2003 por los papeles de Watergate a los periodistas Bob Woodward y Carl Bernstein, que destaparon el escándalo que condujo en 1974 a la renuncia del presidente Richard M. Nixon. Así lo reveló en su momento el diario The Washington Post, donde escribían ambos periodistas.
No se ha dicho cuánto costó el archivo de Gabriel García Márquez adquirido por la misma universidad pero el precio podría ascender a varios millones de dólares. En la adquisición de las cartas y papeles de Gabo intervino el mismo librero de Nueva York que negoció los papeles de Watergate, Glenn Horowitz.
El Centro Harry Ransom de la Universidad de Texas en Austin anunció el lunes que compró a la familia de García Márquez un archivo literario de más de 2.000 cartas recibidas por el escritor, incluyendo misivas de Carlos Fuentes, Julio Cortázar, Graham Greene y Milan Kundera, así como manuscritos, libretas, más de 40 albumes fotográficos, dos máquinas de escribir Smith Corona y cinco computadores Apple.
El Centro Ransom es uno de los archivos más famosos del mundo y alberga la correspondencia de otros premios Nobel de literatura como George Bernard Shaw, Ernest Hemingway, Samuel Beckett y J.M. Coetzee.
El archivo de Watergate comprado hace once años por la Universidad de Texas incluía 75 cajas de libretas de apuntes, memorandos, fotografías, recortes de prensa y manuscritos de los periodistas del Washington Post.
Glenn Horowitz, que negoció el archivo de Gabo a nombre de la familia, es un especialista en libros raros y en archivos literarios cuyas transacciones generalmente alcanzan cifras de varios millones de dólares. En el año 2000 vendió por 8 millones de dólares papeles privados del presidente Franklin Delano Roosevelt a un coleccionista. El archivo del escritor Norman Mailer lo vendió al Centro Ransom por 2.5 millones de dólares. En 1992 negoció con la Biblioteca Pública de Nueva York el archivo de Vladimir Nabokov. Se dijo que la transacción, hace 22 años, se hizo por un millón de dólares. Horowitz, según el New York Times, cobra una comisión de entre el 10 y el 20 por ciento.
García Márquez no escribió muchas cartas a su familia, dijo su hijo Rodrigo, director de cine, al New York Times. "Era una persona de teléfono".
En eso coincide Jaime García Márquez, hermano del escritor. Dijo a El Espectador que hay muy pocas cartas de Gabo a sus diez hermanos: Luis Enrique, Margot, Aida, Ligia, Gustavo, Rita, Jaime, Hernando, Alfredo y Eligio. Recordó una que Gabo le envió poco antes de la publicación de Cien Años de Soledad en 1967. Le pedía que averiguara qué medios de amplificación de la voz utilizó el general Carlos Cortés Vargas el día de 1928 en que les advirtió a los huelguistas de las bananeras reunidos en Ciénaga que tenían un minuto para retirarse, si lo hizo por altavoz, si estaba montado en una mesa de fritos, si habló desde un vagón del ferrocarril, si uno de los huelguistas le contestó al general que le regalaban el minuto. También preguntaba Gabo por el número de muertos de la matanza, si fueron como se dijo nueve como los puntos del pliego de peticiones de los trabajadores.
Pero al final de la carta Gabo le decía a su hermano que ya tenía listo el libro, que realmente no era necesario profundizar en las preguntas, y concluía deseando "que a nuestros nietos les crezcan los cojones para hacer la revolución que nosotros no hicimos", recordó Jaime García Márquez.
Gabriel García Márquez murió el pasado 17 de abril a los 87 años.
 

 Habla el hombre que se decidió a comprar el archivo de Gabo

 Director del centro Harry Ransom le reveló  que el tesoro del nobel comprende 40 cajas

Con innegable decepción recibieron los colombianos la noticia de que el Centro Harry Ransom, de la Universidad de Texas en Austin, adquirió el más grande archivo personal de Gabriel García Márquez. El centro estadounidense comenzó ya su catalogación y espera abrirlo al público con una gran exhibición a finales del próximo año.
El volumen del archivo es muy significativo y está contenido en “cuarenta cajas de gran tamaño”, según le reveló a EL TIEMPO el director del Centro, Stephen Enniss. “Estamos muy complacidos de poder servir al legado de García Márquez al tener aquí su archivo y de servir a la comunidad de investigadores que utilizará esos documentos en los años por venir”, agregó. ('Archivo de Gabo permitirá conocer una faceta desconocida suya': bibliotecario de la U. de Texas).

La adquisición se logró por una compra directa (no subasta, como se especuló en algunos medios) gestionada entre el Centro Ransom y el coleccionista y experto en tesoros literarios Glenn Horowitz, en nombre de la familia del nobel colombiano. El propio Enniss y su compañero de la Universidad de Texas José Montelongo –especialista en literatura– habían visitado a la familia de Gabo en México en julio, según publicó este lunes el diario The New York Times.
“Nuestro interés primario es el proceso creativo –explicó Enniss–, así que estamos felices porque de muchas de las novelas de García Márquez, con correcciones de su puño y letra. Creemos que los estudiantes y estudiosos tienen particular interés en cómo creó estos trabajos tan admirados”.
El directivo reveló además que el archivo incluye unas dos mil cartas que recibió el escritor. No están las que él envió, porque están muy dispersas e incluso algunas fueron quemadas. Pero, en cambio, la correspondencia adquirida revela las grandes conexiones del autor cataquero con escritores y políticos de los cinco continentes.
Otro de los tesoros de la colección es uno de los textos originales de la novela que García Márquez no alcanzó a terminar, titulada ‘En agosto nos vemos’.
“La novela final tiene diez diferentes borradores, y muchas versiones, y será de gran interés para la investigación. No sabemos qué planes tendrá la familia para su publicación en el futuro, pero con seguridad los investigadores querrán mirar el proceso de composición”, dijo Enniss, quien aclaró que los derechos de autor siguen en poder de la familia García Barcha.
El paquete también tiene “muchos álbumes de recortes, con maravillosas fotografías que documentan toda su vida. Y también los computadores que usaba contienen en sus discos duros información que será de gran interés para futuros estudiantes e investigadores”, según Ennis.
El directivo no precisó cuánto durará la clasificación de los objetos pero anunció “una celebración internacional de la vida de García Márquez para el otoño de 2015 (entre octubre y diciembre del próximo año) y aspiramos a abrir el archivo a la consulta para esa ocasión”.
Resignación en Colombia
El Ministerio de Cultura de Colombia, por su parte, informó que desde finales del 2013, se delegó, por parte del Gobierno Nacional, a la directora de la Biblioteca Nacional, Consuelo Gaitán, para que se comunicara con la familia García Barcha y le manifestara su interés “para que el legado del escritor reposara en Colombia y específicamente en los fondos de la Biblioteca Nacional”.

“En las ocasiones en que el tema fue abordado por parte de la Directora de la Biblioteca, la familia manifestó su voluntad por aplazar cualquier tipo de determinación sobre el particular, hecho que le fue comunicado a la ministra de Cultura, Mariana Garcés Córdoba”, afirma el comunicado.
Del mismo modo, “el Gobierno Nacional lamenta que estos documentos no reposen en Colombia, pero respeta la decisión tomada por la familia. Aunque reconoce que la Biblioteca Nacional cuenta con la capacidad para la conservación y digitalización de este tipo de archivos como lo hace con la colección de Mutis, Cuervo y Arciniegas, también exalta que el archivo literario de la Universidad de Texas es uno de los más importantes del mundo, puede garantizar su conservación, así como el uso para fines públicos y de carácter académico”.
Familia de Gabo anuncia también donaciones a Colombia
Mercedes Barcha y sus hijos, Rodrigo y Gonzalo García, enviaron un comunicado que asegura: “Hay una serie de objetos personales de Gabo, como son, por ejemplo, la máquina de escribir en donde escribió Cien años de soledad, la medalla y el diploma del Premio Nobel, así como parte de su biblioteca personal, que están destinados a la Biblioteca Nacional de Colombia, con quienes hemos mantenido conversaciones durante más de un año”. Este hecho fue ratificado este lunes por el Ministerio de Cultura de Colombia.
La familia del nobel explicó que su deseo y el del fallecido escritor “siempre fue que sus cosas se dividieran con diferentes criterios. Con ese fin, nosotros decidimos que el archivo de los documentos literarios y del correo fueran al Centro Harry Ransom, por ser uno de los lugares que hace este tipo de archivo y preservación de documentos mejor que nadie”.
Jaime Abello, amigo personal de García Márquez y director de la Fundación Nuevo Periodismo, que también lleva el nombre del escritor, aseguró que el archivo adquirido por la Universidad de Texas "tiene un alto valor documental para entender el taller de creación literaria de Gabo, y hay que verlo como una fracción importante pero no única de su legado, el cual tiene muchos aspectos. Ha quedado bajo una custodia impecable -la del magnífico Ramson Center de la Universidad de Texas, el cual he visitado y admirado- y en la mejor compañía posible -al lado de documentos de Hemingway, Faulkner, Virginia Woolf, Borges y otros autores que Gabo tanto quiso-. Celebro que así se asegure la mejor conservación, catalogación, exhibición y digitalización de este patrimonio documental, de una manera que lo hará accesible para el público en general y para los académicos no solo de la propia Universidad de Texas sino de América Latina y el mundo entero".
A su vez, el director del Archivo de Bogotá, Gustavo Ramírez Ariza, invitó a una ‘cruzada’ para crear un centro de documentación sobre García Márquez con objetos que tiene la entidad y otros que poseen amigos y familiares de Gabo.
fuente:elespectador.com,eltiempo.com

martes, 16 de junio de 2015

Festival de Cine de La Habana homenajeará a Gabo y premiará a Benicio del Toro

El Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano de La Habana celebrará su 36 edición con 478 obras y una vasta agenda en la que destaca el homenaje al escritor Gabriel García Márquez y los reconocimientos al actor Benicio del Toro y al director ruso Andréi Konchalovsky


Gabriel García Márquez siguen sus homenajes póstumos./Oriol Malet./lavanguardia.com


 
Benicio del Toro se prestó para  un  Pablo Escobar.
El realizador ruso Andréi Konchalovsky.

El evento será inaugurado el próximo 4 de diciembre en el Teatro Karl Marx de La Habana con la exitosa coproducción argentino-española "Relatos salvajes", uno de los 21 largos de ficción que competirá por el galardón de mejor película junto a otros filmes de Argentina, Cuba, Colombia, Chile, Brasil, México, Uruguay y República Dominicana.

El director del Festival, Iván Giroud, afirmó hoy en rueda de prensa que este año el concurso tendrá un "alto nivel" y recuperará el "peso" del cine cubano, con cuatro largos en competición, entre ellos cintas de los realizadores Fernando Pérez y Jorge Perugorría.

Entre los invitados confirmados destaca el actor portorriqueño Benicio del Toro -quien será distinguido con un premio Coral de honor junto con el realizador ruso Andréi Konchalovsky- así como el actor español Paco León y el estadounidense Matt Dilon.

Desde Estados Unidos también llegará el matrimonio conformado por Maria y André Jacquemetton, guionistas de la serie televisiva "Mad Men", quienes junto al realizador argentino Diego Lerman y el periodista español Ignacio Ramonet participarán en un seminario sobre el nuevo "paradigma" audiovisual que representan las series.

Uno de los ejes de la cita será el homenaje "fundamental" que se rendirá al escritor colombiano Gabriel García Márquez, fallecido en abril pasado, y en el que además participarán la Escuela Internacional de Cine y Televisión (EICTV) y la Fundación del Nuevo Cine Latinoamericano (FNCL), que el Nobel presidía.

García Márquez fue fundador de esas instituciones y también del Festival de La Habana, que ha programado un encuentro teórico y la exhibición de documentales sobre su figura, entre otras actividades.

En cuanto a las exhibiciones, Giroud resaltó que este año habrá novedades, empezando por el estreno en Cuba de la tecnología digital DCI mediante un proyector de alta gama adquirido por el ministerio de Cultura y el Instituto Cubano de Cine (Icaic).

Ante la "contracción" que ha experimentado el circuito de cines de La Habana, el Festival realizará además proyecciones de "cine móvil" por varios barrios de la ciudad con una pantalla gigante donada a la isla por el gobierno de Venezuela.

El amplio programa de muestras y retrospectivas incluirá cine español, canadiense, italiano y estadounidense, entre las que destaca la sección de cine independiente de EEUU, que mostrará por primera vez fuera de ese país un conjunto de películas "indie" afroamericanas.

Fuera de las 116 obras que concursan en cinco categorías, el cine latinoamericano mantendrá su fuerte presencia en el festival con decenas de largometrajes, cortos y documentales que repasan el panorama cinematográfico de la región.

El jurado de ficción estará integrado por realizadores como la argentina Lucía Puenzo, el colombiano Sergio Cabrera y el boliviano Juan Carlos Valdivia.

lunes, 15 de junio de 2015

La universidad de Texas adquiere el archivo de Gabo

Informe especial

El fondo contiene manuscritos, notas, fotos y correspondencia del fallecido Nobel

Mecanuscrito de Cien años de soledad  de Gabriel García Márquez. / Cortesía del Centro Harry Ransom./elpais.com,elespectador.com
Gabriel García Márquez revisa el texto de  Cien años de soledad. / Cortesía del Centro Harry Ransom./Foto:Hernán Díaz./elpais.com
Gabriel García Márquez en la espuma de la fama por el otorgamiento del Premio Nobel de Literatura 1982. /Biblioteca Nacional de Colombia./Nereo López.
Gabriel  García  Márquez con su viajero pasaporte cancelado./Centro Harry Random.

Mecanuscrito original de El general en su laberinto de Gabriel García Márquez./Centro Harry Random
Carta comunicado de la Familia García Barcha.

La Universidad de Texas, en Austin, ha comprado el archivo personal del premio Nobel colombiano Gabriel García Márquez y se convertirá en el lugar para que académicos, estudiantes y admiradores puedan consultar fotografías, manuscritos, notas y correspondencia del autor a partir del año próximo.

El fondo ya está siendo transportado a Estados Unidos, adonde está previsto que llegue esta semana. Stephen Enniss, director del centro de investigación en Humanidades de esa facultad, el Harry Ransom, asegura que la negociación para adquirir el archivo comenzó a finales de 2013, cuando el escritor todavía estaba vivo. La librería Glenn Horowitz representó a la familia del autor en la venta. “Visité México [donde García Márquez falleció y donde había pasado las últimas décadas de su vida] en julio de este año para examinar el archivo de primera mano”, cuenta Enniss. “Está en excelente estado”, explica.

En el archivo destacan los borradores de una novela inédita del autor, 'En agosto nos vemos'

El material incluye manuscritos originales de una decena de libros —Cien años de soledad, El amor en los tiempos del cólera y Memoria de mis putas tristes, entre ellos—; más de dos mil cartas, incluidas algunas de Carlos Fuentes y Graham Greene; borradores de su discurso de aceptación del premio Nobel de literatura en 1982; cuatro decenas de álbumes de fotografías, las máquinas de escribir Smith Corona, ordenadores y álbumes de recortes de periódicos de Latinoamérica y del resto del mundo. “El Centro tiene un laboratorio de conservación de primer nivel. Podemos guardar materiales de todo tipo: papel, fotos, grabaciones, archivos de computadora…”, afirma Enniss.

El director del centro Harry Ransom asegura que García Márquez “en general, no tenía copias de sus cartas, pero hay muchas que recibió de políticos y escritores”, por eso cree que “a la hora de estudiar su vida y obra, sus conexiones internacionales dicen mucho de lo que fue su trabajo”. En el archivo destacan los borradores de una novela inédita del autor, En agosto nos vemos, así como investigaciones para El general en su laberinto y una copia mecanografiada y marcada de Crónica de una muerte anunciada. “Los materiales documentan la gestación y los cambios en la obra de García Márquez y revelan sus luchas con el lenguaje y la estructura”, detalla el comunicado difundido por el propio centro académico. “Estamos planeando organizar un simposio en otoño de 2015, cuando se abra el archivo para la investigación”, adelanta Enniss sobre los planes de futuro del material, que incluyen la digitalización de partes de la colección para que el público general los pueda consultar también.

El Centro Harry Ransom alberga también el material de escritores como Jorge Luis Borges, William Faulkner y James Joyce. “Estamos encantados de que el archivo de Gabo viva en el gran y único Centro Ransom, donde generaciones de estudiosos y amantes de su trabajo podrán profundizar su aprecio y comprensión de su vida y su legado literario”, afirma el hijo de García Márquez, Rodrigo García, en el comunicado.

En Colombia, la ministra de Cultura, Mariana Garcés, lamentó que la documentación termine en Estados Unidos. “Es una lástima no tenerlo”, declaró a la agencia Efe. Otro de los hijos del escritor, Gonzalo García Barcha, dijo a la emisora colombiana Blu Radio que “el Gobierno colombiano nunca se hizo presente ni hizo ninguna oferta”.
Sin embargo, el ministerio de Cultura asegura que a finales de 2013, el Gobierno delegó en la directora de la Biblioteca Nacional, Consuelo Gaitán, la tarea de comunicarle a la familia del Nobel su interés en que el legado del escritor reposara en Colombia. “En las ocasiones en que el tema fue abordado por parte de la Directora de la Biblioteca, la familia manifestó su voluntad por aplazar cualquier tipo de determinación sobre el particular”, dice un comunicado. Aun así, el Ministerio dijo respetar la decisión de la familia, aunque insistió en que la Biblioteca Nacional está en la capacidad de conservar y digitalizar este tipo de archivo. Informa Elizabeth Reyes

 Los papeles perdidos de García Márquez  

Debate acerca de dónde deberían estar estos documentos, que incluyen manuscritos corregidos de varias de sus obras y cartas, entre otras piezas
A finales de 2013, la familia de Gabriel García Márquez contactó al Centro Harry Ransom de la Universidad de Texas, en Austin (EE.UU.), para negociar la entrega del archivo del escritor, que incluye manuscritos, pruebas corregidas de sus trabajos posteriores a Cien años de soledad, álbumes fotográficos e incluso computadores y máquinas de escribir del autor, según el recuento de Steve Enniss, director de la institución.
Las introducciones entre Enniss y su equipo, que incluye a José Montelongo, experto en literatura latinoamericana de esa universidad, las hizo un intermediario de la familia que contactó al centro por ser el lugar que guarda archivos de William Faulkner, Virginia Woolf y Jorge Luis Borges, entre otros escritores que influyeron en la obra de García Márquez, según cuenta Montelongo.
Esta negociación se conoció ayer, cuando un artículo del diario The New York Times anunció que los papeles de García Márquez son ahora de la Universidad de Texas, gracias a una transacción que Enniss no quiere discutir públicamente. La revelación se hizo al mismo tiempo que el centro como tal aseguró poseer el material que incluye, a grandes rasgos, siete piezas con manuscritos, obras de ficción y la autobiografía del autor, cuatro piezas de correspondencia (con escritores como Julio Cortázar, Graham Greene, Salman Rushdie, Milan Kundera, entre otros) y al menos 10 piezas con álbumes fotográficos, además de máquinas de escribir y computadores, cuyo contenido aún es desconocido, incluso para el mismo Centro Harry Ransom.
“Tuve la suerte de ver el material en México: fue un gran privilegio y una gran suerte gozar de la hospitalidad de doña Mercedes y Gonzalo García Barcha, quien fue uno de los hijos que estuvo ahí mientras estábamos nosotros. Uno no puede evitar un sentimiento de gran emoción al estar ante los documentos que nos permiten acceder al taller del escritor. Hay también una cierta sensación de indiscreción por estar frente a papeles que no estaban destinados a hacerse públicos”, cuenta Montelongo, quien fue una de las personas que en julio de este año fueron a México para evaluar los documentos.
“El archivo no incluye nada anterior a Cien años de soledad, porque, me permito especular, en ese tiempo García Márquez estaba más preocupado con la supervivencia que con la posteridad literaria: era un hombre que viajaba mucho y era difícil hacerlo con papeles y borradores. Cartas y fotos sí hay de la época anterior a Cien años de soledad”, relata el catedrático. En ese viaje de mediados de este año también estuvo Enniss, quien asegura que “el material confirmó nuestras sospechas: que sería de gran interés para alumnos e investigadores, pues es una ventana abierta hacia el proceso creativo de un gran escritor, algo que resulta especialmente cierto en el caso de Nos vemos en agosto”. Enniss se refiere a una novela no publicada del escritor, quien consideró que aún no se encontraba lista para ir a imprenta, aunque han aparecido fragmentos en The New Yorker y en el periódico español La Vanguardia. El Centro Harry Ransom adquirió los manuscritos de por lo menos 10 versiones de este trabajo que, confirma Enniss, podrán ser consultados incluso mientras la familia del autor decide qué hacer con el material en términos de publicación. Claro, serán documentos que probablemente no sean fotografiados ni escaneados ni puestos en línea, al menos hasta que esta cuestión no se decida. “Es el manuscrito más rico en el aspecto de la composición, y aunque sea la única novela no publicada de este archivo, es también una de las más reveladoras en torno al proceso creativo del escritor”, sostiene Montelongo.
Los documentos pasan ahora a un proceso de catalogación que tomará unos meses, según las cuentas de Enniss. Una parte del material de García Márquez estará disponible en línea y todo el proyecto del archivo debe entrar en funcionamiento a mediados del próximo año.
Casi predeciblemente, la adquisición del archivo por parte de la Universidad de Texas, en Austin, desató un debate en Colombia, pleno de patriotismo y algunas acusaciones alrededor de un material que, en la visión de algunos, debería haberse quedado en el país. Algunas versiones incluso señalaron que hubo una especie de puja en la que el establecimiento cultural del país brilló por su ausencia. Enniss, por su parte, asegura que no estuvo enterado de que hubiera conversaciones para ofertar por el material por parte de instituciones, colombianas o de otros lugares, y repite que el Centro Harry Ransom fue contactado por la familia de García Márquez.
Al respecto, el Ministerio de Cultura aseguró que “la directora de la Biblioteca Nacional, Consuelo Gaitán, fue delegada por el Gobierno Nacional desde finales de 2013 para comunicar a la familia García Barcha el interés porque el legado del escritor reposara en Colombia y específicamente en los fondos de la Biblioteca Nacional”. La familia del autor afirmó en un comunicado que “…nosotros decidimos que el archivo de los documentos literarios y del correo fuera al Centro Harry Ransom (…). Hay otra serie de objetos personales de Gabo, como son la máquina en donde escribió Cien años de soledad, la medalla y el diploma del Premio Nobel, así como parte de su biblioteca personal, que están destinadas a la Biblioteca Nacional de Colombia, con quienes hemos mantenido conversaciones durante más de un año”.
Más allá de la inmediatez de la polémica, hay un debate de fondo acerca de quién es el dueño de un escritor, o su obra para este caso: el país donde nació, el país sobre el que escribió o el lugar de donde proviene la lengua que usó para comunicar sus ideas. Llegan a la mente ejemplos levemente problemáticos como Emil Cioran (rumano de nacimiento, escribió en francés, murió en Francia), Joseph Conrad (polaco, escribió en inglés y vivió en Inglaterra), Vladimir Nabokov (ruso, catedrático estadounidense, publicó en ambos idiomas) o incluso el mismo García Márquez: colombiano cuya obra está profundamente vinculada al país y al continente, pero cuya carrera, en buena parte, se desarrolló en México. Cabe recordar que a mediados de los años 80 el autor salió huyendo del país gracias a ciertas amenazas veladas por parte del Gobierno y los militares de turno, todo esto según la propia versión del autor.

Ministerio de Cultura y Biblioteca Nacional se pronuncian sobre archivo particular de Gabriel García Márquez

Ante la información de que los archivos personales del Premio Nobel Gabriel García Márquez fueron adquiridos por The Harry Ransom Center de la Universidad de Texas, el Ministerio de Cultura y la Biblioteca Nacional se permiten manifestar que la Directora de la Biblioteca Nacional, Consuelo Gaitán, fue delegada por el Gobierno Nacional desde finales de 2013 para comunicar a la familia García Barcha el interés por que el legado del escritor reposara en Colombia y específicamente en los fondos de la Biblioteca Nacional.

En las ocasiones en que el tema fue abordado por parte de la Directora de la Biblioteca, la familia manifestó su voluntad por aplazar cualquier tipo de determinación sobre el particular, hecho que le fue comunicado a la Ministra de Cultura, Mariana Garcés Córdoba.

Sobre la supuesta subasta pública vía internet en donde se ofertaron los archivos privados del Nobel, como lo aseguró un medio de comunicación y se ha difundido en algunas redes sociales, el Gobierno Nacional informa que sostuvo conversaciones telefónicas tanto con la periodista del New York Times,  Jennifer Schuessler, como con las oficinas de Glenn Horowitz, también en Nueva York. Ambas fuentes confirmaron que los archivos nunca estuvieron disponibles en subasta pública y que su posible venta no fue anunciada por internet ni por ningún otro medio.

El Gobierno Nacional lamenta que estos documentos no reposen en Colombia pero respeta la decisión tomada por la familia.  Aunque reconoce que la Biblioteca Nacional de Colombia  cuenta con la capacidad para la conservación y digitalización de este tipo de archivos como lo hace con la colección de Mutis, Cuervo y Arciniegas, también exalta que el archivo literario de la Universidad de Texas es uno de los más importantes del mundo, puede garantizar su conservación, así como el uso para fines públicos y de carácter académico, además valora el prestigio de este centro universitario donde reposan archivos tan importantes como el del escritor argentino Jorge Luis Borges y el irlandés James Joyce. 

Mayores informes:
Oficina de Divulgación y prensa - Ministerio de Cultura
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Cel. 3005728817
Juan Carlos Millán
Cel. 311 8786743

domingo, 14 de junio de 2015

El cuento del domingo

Gabriel García Márquez
Blacamán el nuevo vendedor de milagros
Desde el primer domingo que lo vi me pareció una mula de monosabio, con sus tirantes de terciopelo pespuntados con filamentos de oro, sus sortijas con pedrerías de colores en todos los dedos y su trenza de cascabeles, trepado sobre una mesa en el puerto de Santa María del Darién, entre los frascos de específicos y las yerbas de consuelo que él mismo preparaba y vendía a grito herido por los pueblos del Caribe, sólo que entonces no estaba tratando de vender nada de aquella cochambre de indios sino pidiendo que le llevaran una culebra de verdad para demostrar en carne propia un contraveneno de su invención, el único infalible, señoras y señores, contra las picaduras de serpientes, tarántulas y escolopendras, y toda clase de mamíferos ponzoñosos.  Alquien que parecía muy impresionado por su determinación consiguió nadie supo dónde y le llevó dentro de un frasco una mapaná de las peores, de esas que empiezan por envenenar la respiración, y él la destapó con tantas ganas que todos creimos que se la iba a comer, pero no bien se sintió libre el animal saltó fuera del frasco y le dio un tijeretazo en el cuello que ahí mismo lo dejó sin aire para la oratoria, y apenas tuvo tiempo de tomarse el antídoto cuando el dispensario de pacotilla se derrumbó sobre la muchedumbre y él quedó revolcándose en el suelo con el enorme cuerpo desbaratado como si no tuviera nada por dentro, pero sin dejarse de reir con todos sus dientes de oro.  Cómo sería el estrépito, que un acorazado del norte que estaba en el muelle desde hacía como veinte años en visita de buena voluntad declaró la cuarentena para que no se subiera a bordo el veneno de la culebra, y la gente que estaba santificando el domingo de ramos se salió de la misa con sus palmas benditas, pues nadie quería perderse la función del emponzoñado que ya empezaba a inflarse con el aire de la muerte, y estaba dos veces más gordo de lo que había sido, echando espuma de hiel por la boca y resollando por los poros, pero todavía riéndose con tanta vida que los cascabeles le cascabeleaban por todo el cuerpo.  La hinchazón le reventó los cordones de las polainas y las costuras de la ropa, los dedos se le amorcillaron por la presión de las sortijas, se puso del color del venado en salmuera y se le salieron por la culata unos requiebros de postrimerías, así que todo el que había visto un picado de culebra sabía que se estaba pudriendo antes de morir y que iba a quedar tan desmigajado que tendrían que recogerlo con una pala para echarlo dentro de un saco, pero también pensaban que hasta en su estado de aserrín iba a seguirse riendo.  Aquello era tan increíble que los infantes de marina se encaramaron en los puentes del barco para tomarle retratos en colores con aparatos de larga distancia, pero las mujeres que se habían salido de misa les descompusieron las intenciones, pues taparon al moribundo con una manta y le pusieron encima las palmas benditas, una porque no les gustaba que la infantería profanara el cuerpo con máquinas de adventistas, otras porque les daba miedo seguir viendo aquel idólatra que era capaz de morirse muerto de risa, y otras por si acaso conseguían con eso que por lo menos el alma se le desenvenenara.  Todo el mundo lo daba por muerto, cuando se apartó los ramos de una brazada, todavía medio atarantado y todo desconvalecido por el mal rato, pero enderezó la mesa sin ayuda de nadie, se volvió a subir como un cangrejo, y ya estaba otra vez gritando que aquel contraveneno era sencillamente la mano de Dios en un frasquito, como todos lo habíamos visto con nuestros propios ojos, aunque sólo costaba dos cuartillos porque él no lo había inventado como negocio sino por el bien de la humanidad, y a ver quién dijo uno, señoras y señores, no más que por favor no se me amontonen que para todos hay.
            Por supuesto que se amontonaron, y que hicieron bien, porque al final no hubo para todos.  Hasta el almirante del acorazado se llevó un frasquito, convencido por él de que también era bueno para los plomos envenenados de los anarquistas, y los tripulantes no se conformaron con tomarle subido en la mesa los retratos en colores que no pudieron tomarle muerto, sino que le hicieron firmar autógrafos hasta que los calambres le torcieron el brazo.  Era casi de noche y sólo quedábamos en el puerto los más perplejos, cuando él buscó con la mirada a alguno que tuviera cara de bobo para que lo ayudara a guardar los frascos, y por supuesto se fijó en mí.  Aquella fue como la mirada del destino, no sólo del mío sino también del suyo, pues de eso hace más de un siglo y ambos nos acordamos todavía como si hubiera sido el domingo pasado.  El caso es que estábamos metiendo su botica de circo en aquel baúl con vueltas de púrpura que más bien parecía el sepulcro de un erudito, cuando el debió verme por dentro alguna luz que no me había visto antes, porque me preguntó de mala índole quién eres tú, y yo le contesté que era el único huérfano de padre y madre a quien todavía no se le había muerto el papá, y él soltó unas carcajadas más estrepitosas que las del veneno y me preguntó después qué haces en la vida, y yo le contesté que no hacía más que estar vivo porque todo lo demás no valía la pena, y todavía llorando de risa me preguntó cuál es la ciencia que más quisieras conocer en el mundo, y esa fue la única vez en que le contesté sin burlas la verdad, que quería ser adivino, y entonces no se volvió a reir sino que me dijo como pensando de viva voz que para eso me faltaba poco, pues ya tenía lo más difícil de aprender, que era mi cara de bobo.  Esa misma noche habló con mi padre, y por un real y dos cuartillos y una baraja de pronosticar adulterios, me compró para siempre.
            Así era Blacamán, el malo, porque el bueno soy yo.  Era capaz de convencer a un astrónomo de que el mes de febrero no era más que un rebaño de elefantes invisibles, pero cuando la buena suerte se le volteaba se volvía bruto del corazón.  En sus tiempos de gloria había sido embalsamador de virreyes, y dicen que les componía una cara de tanta autoridad que durante mucho años seguían gobernando mejor que cuando estaban vivos, y que nadie se atrevía a enterrarlos mientras él no volviera a ponerles su semblante de muertos, pero el prestigio se le descalabró con la invención de un ajedrez de nunca acabar que volvió loco a un capellán y provocó dos suicidios ilustres, y así fue decayendo de intérprete de sueños en hipnotizador de cumpleaños, de sacador de muelas por sugestión en curandero de feria, de modo que por la época en que nos conocimos ya lo miraban de medio lado hasta los filibusteros.  Andábamos a la deriva con nuestro tenderete de chanchullos, y la vida era una eterna zozobra tratando de vender los supositorios de evasión que volvían transparentes a los contrabandistas, las gotas furtivas que las esposas bautizadas echaban en la sopa para infundir el temor de Dios en los maridos holandeses, y todo lo que ustedes quieran comprar por su propia voluntad, señoras y señores, porque esto no es una orden sino un consejo, y al fin y al cabo, tampoco la felicidad es una obligación.  Sin embargo, por mucho que nos muriéramos de risa de sus ocurrencias, la verdad es que a duras penas nos alcanzaban para comer, y su última esperanza se fundaba en mi vocación de adivino.  Me encerraba en el baúl sepulcral disfrazado de japonés y amarrado con cadenas de estribor para que tratara de adivinar lo que pudiera, mientras él le daba vueltas a la gramática buscando el mejor modo de convencer al mundo de mi nueva ciencia, y aquí tienen, señoras y señores, a esta criatura encandilada por las luciérnagas de Ezequiel, y usted que se ha quedado ahí con esa cara de incrédulo vamos a ver si se atreve a preguntarle cuándo se va a morir, pero nunca conseguí adivinar ni la fecha en que estábamos, así que él me desahució como adivino porque el sopor de la digestión te trastorna la glándula de los presagios, y resolvió llevarme donde mi padre para que le devolviera la plata.  Sin embargo, en esos tiempos le dio por encontrar aplicaciones prácticas para la electricidad del sufrimiento, y se puso a fabricar una máquina de coser que funcionara conectada mediante ventosas con la parte del cuerpo en que se tuviera un dolor.  Como yo pasaba la noche quejándome de las palizas que él me daba para conjurar la mala suerte, tuvo que quedarse conmigo como probador de su invento, y así el regreso se nos fue demorando y se le fue componiendo el humor, hasta que la máquina funcionó tan bien que no sólo cosía mejor que una novicia, sino que además bordaba pájaros y astromelias según la posición y la intensidad del dolor.  En esas estábamos, convencidos de haber burlado otra vez a la adversidad, cuando nos alcanzó la noticia de que el comandante del acorazado había querido repetir en Filadelfia la prueba del contraveneno, y se convirtió en mermelada de almirante en presencia de su estado mayor.
            No se volvió a reir en mucho tiempo.  Nos fugamos por desfiladeros de indios, y mientras más perdidos nos encontrábamos más claras nos llegaban las voces de que los infantes de marina habían invadido la nación con el pretexto de exterminar la fiebre amarilla, y andaban descabezando a cuanto cacharrero inveterado o eventual encontraban a su paso, y no sólo a los nativos por precaución, sino también a los chinos por distracción, a los negros por costumbre y a los hindúes por encantadores de serpientes, y después arrasaron con la fauna y la flora y con lo que pudieron del reino mineral, porque sus especialistas en nuestros asuntos les habían enseñado que la gente del Caribe tenía la virtud de cambiar de naturaleza para embolatar a los gringos.  Yo no entendía de dónde les había salido aquella rabia, no por qué nosotros teníamos tanto miedo, hasta que nos hallamos a salvo en los vientos eternos de la Guajira, y sólo allí tuvo ánimos para confesarme que su contraveneno no era más que ruibarbo con trementina, pero que le había pagado dos cuartillos a un calanchín para que le llevara aquella mapaná sin ponzoña.  Nos quedamos en las ruinas de una misión colonial, engañados con la esperanza de que pasaran los contrabandistas, que eran hombres de fiar y los únicos capaces de aventurarse bajo el sol mercurial de aquellos yermos de salitre.  Al principio comíamos salamandras con flores de escombros, y aún nos quedaba espíritu para reirnos cuando tratamos de comernos sus polainas hervidas, pero al final nos comimos hasta las telarañas de los aljibes, y sólo entonces nos dimos cuenta de la falta que nos hacía el mundo.  Como yo no conocía en aquel tiempo ningún recurso contra la muerte, simplemente me acosté a esperarla donde me doliera menos, mientras él deliraba con el recuerdo de una mujer tan tierna que podía pasar suspirando a través de las paredes, pero también aquel recuerdo inventado era un artificio de su ingenio para burlar a la muerte con lástimas de amor.  Sin embargo, a la hora en que debíamos habernos muerto se me acercó más vivo que nunca y estuvo la noche entera vigilándome la agonía, pensando con tanta fuerza que todavía no he logrado saber si lo que silbaba entre los escombros era el viento o su pensamiento, y antes del amanecer me dijo con la misma voz y la misma determinación de otra época que ahora conocía la verdad, y era que yo le había vuelto a torcer la suerte, de modo que amárrate bien los pantalones porque lo mismo que me la torciste me la vas a enderezar.
            Ahí fue donde se echó a perder el poco de cariño que le tenía.  Me quitó los últimos trapos de encima, me enrolló en alambre de púas, me restregó piedras de salitre en las mataduras, me puso en salmuera en mis propias aguas y me colgó por los tobillos para macerarme al sol, y todavía gritaba que aquella mortificación no era bastante para apaciguar a sus perseguidores.  Por último me echó a pudrir en mis propias miserias dentro del calabozo de penitencia donde los misioneros coloniales regeneraban a los herejes, y con la perfidia de ventrílocuo que todavía le sobraba se puso a imitar las voces de los animales de comer, el rumor de las remolachas en octubre y el ruido de los manantiales, para torturarme con la ilusión de que me estaba muriendo de indigencia en el paraíso.  Cuando por fin lo abastecieron los contrabandistas, bajaba al calabozo para darme de comer cualquier cosa que no me dejara morir, pero luego me hacía pagar la caridad arrancándome las uñas con tenazas y rebajándome los dientes con piedras de triturar, y mi único consuelo era el deseo de que la vida me diera tiempo y fortuna para desquitarme de tanta infamia con otros martirios peores.  Yo mismo me asombraba de que pudiera resistir la peste de mi propia putrefacción, y todavía me echaba encima las sobras de sus almuerzos y mataba animales del desierto y los ponía por los rincones para que el aire del calabozo se acabara de envenenar.  No sé cuánto tiempo había pasado, cuando me llevó el cadáver de un conejo para mostrarme que prefería echarlo a pudrir en vez de dármelo a comer, y hasta allí me alcanzó la paciencia y solamente me quedó el rencor, de modo que agarré el conejo por las orejas y lo mandé contra la pared con la ilusión de que era él y no el animal el que se iba a reventar y entonces fue cuando sucedió, como en un sueño, que el conejo no sólo resucitó con un chillido de espanto, sino que regresó a mis manos caminando por el aire.
            Así fue como empezó mi vida grande.  Desde entonces ando por el mundo desfiebrando a los palúdicos por dos pesos, visionando a los ciegos por cuatro con cincuenta, desaguando a los hidrópicos por dieciocho, completando a los mutilados por veinte pesos si lo son de nacimiento, por veintidós si lo son por accidente o peloteras, por veinticinco si lo son por causa de guerras, terremotos, desembarcos de infantes o cualquier otro gesto de calamidades públicas, atendiendo a los enfermos comunes al por mayor mediante arrego especial, a los locos según su tema, a los niños por mitad de precio y a los bobos por gratitud, y a ver quién se atreve a decir que no soy un filántropo, damas y caballeros, y ahora sí, señor comandante de la vigésima flota, ordene a sus muchachos que quiten las barricadas para que pase la humanidad doliente, los lazariños a la izquierda, los epilépticos a la derecha, los tullidos donde no estorben y allá detrás los menos urgentes, no más que por favor no se me apelotonen que después no respondo si se les confunden las enfermedades y quedan curados de lo que no es, y que siga la música hasta que hierva el cobre, y los cohetes hasta que se quemen los ángeles y el aguardiente hasta matar la idea, y vengan los maritornes y los maromeros, los matarifes y los fotógrafos, y todo eso por cuenta mía, damas y caballeros, que aquí se acabó la mala fama de los Blacamanes y se armó el despelote universal.  Así los voy adormeciendo, con técnicas de diputado, por si acaso me falla el criterio y algunos se me quedan peor de lo que estaban.  Lo único que ya no hago es resucitar a los muertos, porque apenas abren los ojos contramatan de rabia al perturbador de su estado, y a fin de cuentas los que no se suicidan se vuelven a morir de desilusión.  Al principio me perseguía un congreso de sabios para investigar la legalidad de mi industria, y cuando estuvieron convencidos me amenazaron con el infierno de Simón el Mago y me recomendaron una vida de penitencia para que llegara a ser santo, pero yo les contesté sin menosprecio de su autoridad que era precisamente por ahí por donde había empezado.  La verdad es que yo no gano nada con ser santo después de muerto, yo lo que soy es un artista, y lo que único que quiero es estar vivo para seguir a pura de flor de burro con este carricoche convertible de dieciséis cilindros que le compré al cónsul de los infantes, con este chofer trinitario que era barítono de la ópera de los piratas de Nueva Orleans, con mis camisas de gusano legítimo, mis lociones de oriente, mis dientes de topacio, mi sombrero de tartarita y mis botines de dos colores, durmiendo sin despertador, bailando con las reinas de la belleza y dejándolas como alucinadas con mi retórica de diccionario, y sin que me tiemble la pajarilla si un miércoles de ceniza se me marchitan las facultades, que para seguir con esta vida de ministro me basta con mi cara de bobo y me sobra con el tropel de tiendas que tengo desde aquí hasta más allá del crepúsculo, donde los mismos turistas que nos andaban cobrando al almirante trastabillan ahora por comprar los retratos con mi rúbrica, los almanaques con mis versos de amor, las medallas con mi perfil, mis pulgadas de ropa, y todo eso sin la gloriosa conduerma de estar todo el día y toda la noche esculpido en mármol ecuestre y cagado de colondrinas como los padres de la patria.
            Lástima que Blacamán el malo no pueda repetir esta historia para que vean que no tiene nada de invención.  La última vez que alguien lo vio en este mundo había perdido hasta los estoperoles de su antiguo esplendor, y tenía el alma desmantelada y los huesos en desorden por el rigor del desierto, pero todavía le sobró un buen par de cascabeles para reaparecer aquel domingo en el puerto de Santa María del Darién con el eterno baúl sepulcral, sólo que entonces no estaba tratando de vender ningún contraveneno sino pidiendo con la voz agrietada por la emoción que los infantes de marina lo fusilaran en espectáculo público para demostrar en carne propia las facultades resucitadoras de esta criatura sobrenatural, señoras y señores, y aunque a ustedes les sobra derecho para no creerme después de haber padecido durante tanto tiempo mis malas mañas de embustero y falsificador, les juro por los huesos de mi madre que esta prueba de hoy no es nada del otro mundo sino la humilde verdad, y por si les quedara alguna duda fíjense bien que ahora no me estoy riendo como antes sino aguantando las ganas de llorar.  Cómo sería de convincente, que se desabotonó la camisa con los ojos ahogados de lágrimas y se daba palmadas de mulo en el corazón para indicar el mejor sitio de la muerte, y sin embargo los infantes de marina no se atrevieron a disparar por temor de que las muchedumbres dominicales les conocieran el desprestigio.  Alguien que quizás no olvidaba los blacamanismos de otra época consiguió nadie supo dónde y le llevó dentro de una lata unas raíces de barbasco que habrían alcanzado para sacar a flote a todas las corbinas del Caribe, y él las destapó con tantas ganas como si de verdad se las fuera a comer, y en efecto se las comió, señoras y señores, no más que por favor no se me conmuevan ni vayan a rezar por mi descanso, que esta muerte no es más que una visita.  Aquella vez fue tan honrado que no incurrió en estertores de ópera sino que se bajó de la mesa como un cangrejo, buscó en el suelo a través de las primeras dudas el lugar más digno para acostarse, y desde allí me miró como a una madre y exhaló el último suspiro entre sus propios brazos, todavía aguantando sus lágrimas de hombre y torcido al derecho y al revés por el tétano de la eternidad.  Fue esa la única vez, por supuesto, en que me fracasó la ciencia.  Lo metí en aquel baúl de tamaño premonitorio donde cupo de cuerpo entero, le hice cantar una misa de tinieblas que me costó cincuenta doblones de a cuatro porque el oficiante estaba vestido de oro y había además tres obispos sentados, le mandé a edificar un mausoleo de emperador sobre una colina expuesta a los tiempos más propicios del mar, con una capilla para él solo y una lápida de hierro donde quedó escrito con mayúsculas góticas que aquí yace Blacamán el muerto, mal llamado el malo, burlador de los infantes y víctima de la ciencia, y cuando estas honras me bastaron para hacerle justicia por sus virtudes empecé a desquitarme de sus infamias, y entonces lo resucité dentro del sepulcro blindado, y allí lo dejé revolcándose en el horror.  Eso fue mucho antes de que a Santa María del Darién se le tragara la marabunta, pero el mausoleo sigue intacto en la colina, a la sombra de los dragones que suben a dormir en los vientos atlánticos, y cada vez que paso por estos rumbos le llevo un automóvil cargado de rosas y el corazón me duele de lástima por sus virtudes, pero después pongo el oído en la lápida para sentirlo llorar entre los escombros del baúl desbaratado, y si acaso se ha vuelto a morir lo vuelvo a resucitar, pues la gracia del escarmiento es que siga viviendo en la sepultura mientras yo esté vivo, es decir, para siempre.