viernes, 6 de marzo de 2015

Con una ‘Máquina de la memoria’ se celebra el cumpleaños de Gabriel García Márquez

El proyecto invita a conmemorar el aniversario del Nobel, enviando mensajes con la etiqueta #MáquinadelaMemoria en los que se redefina la utilidad de objetos, conceptos y sentimientos

Gabriel García Marquez que estás en los cielos: 1927-2014./elespectador.com,lavanguardia.com

El 6 de marzo de 1927, hace 88 años, en Aracataca, Magdalena, nació el que sería el autor de Cien años de Soledad. Colombia recuerda este viernes al Nobel Gabriel García Márquez (1927-2014), el día en que se cumple otro año de su nacimiento, con una "máquina de la memoria" que exalta el valor de la palabra escrita que se inspira en la peste del insomnio que asoló Macondo en la obra cumbre del escritor colombiano.
El proyecto, impulsado por el Ministerio de Cultura y la Biblioteca Nacional de Colombia, el Ministerio de Educación, la Secretaría de Cultura, Recreación y Deporte de Bogotá, la Cámara Colombiana del Libro y Corferias, invita todos los colombianos a unirse a la conmemoración con motivo del aniversario del Nobel (en el año que cuenta con Macondo como invitado de honor a la FILBo 2015, que irá del 21 de abril al 4 de mayo), para que envíen mensajes a través de Twitter con la etiqueta #MáquinadelaMemoria en los que redefinan la utilidad de los objetos, conceptos y sentimientos cotidianos.
Amor, literatura, perdón, ficción, justicia, sexo, memoria, poder, escritura, paz, amigo, educación, historia, soledad, libro, política, actor, equidad, Internet, biblioteca, reconciliación, guerra, inteligencia, política, lector, entre otras, serán algunas de las palabras que definirán los colombianos a través de las redes sociales, según informó la Biblioteca Nacional.
Todos los mensajes formarán parte de una exposición que comenzará el próximo 17 de abril, cuando se cumple un año del fallecimiento del escritor que nació en Aracataca, un pueblo del departamento caribeño del Magdalena. (Ver galería Cien Años de Soledad en 30 frases).
Para iniciar la rueda de mensajes, tanto el Ministerio de Cultura como la Biblioteca Nacional abrieron el llamado con una redefinición de paz: "estado de cosas para no morir en el intento".
Con ello no solo recordarán al premio nobel de Literatura de 1982, sino que además se servirán de las palabras que talló en su obra cumbre, Cien Años de Soledad, en la que describe como los habitantes del pueblo imaginario de Macondo sufrieron una "peste del insomnio" que causaba el olvido.
"Poco a poco, estudiando las infinitas posibilidades del olvido, se dio cuenta de que podía llegar un día en que se reconocieran las cosas por sus inscripciones, pero no se recordara su utilidad", narró García Márquez en "Cien años de soledad".
Entonces, José Arcadio Buendía, uno de los fundadores de Macondo, colgó letreros para que los habitantes del pueblo lucharan contra el olvido.
"Esta es la vaca, hay que ordeñarla todas las mañanas para que produzca leche y a la leche hay que hervirla para mezclarla con el café y hacer café con leche", narra en la novela.
Según el relato, "así continuaron viviendo, en una realidad escurridiza, momentáneamente capturada por las palabras, pero que había de fugarse sin remedio cuando olvidaran los valores de la letra escrita".

Estampas de García Márquez 

Nos asomamos a los 'cuadros vivos', de origen religioso, que recrean en Colombia el mundo literario de su premio Nobel. Una fiesta del realismo mágico 

Santo subito. Eso es Gabriel García Márquez en Colombia, alguien ascendido a los altares nada más morir, hasta el punto de que, aún no transcurrido un año desde su desaparición, su vida y su obra han sido adoptadas por una comunidad, digamos, parateatral especializada en estampas religiosas, los Cuadros Vivos de la localidad de Galeras, en el departamento de Sucre. Así, se acaban de mostrar en Cartagena de Indias, durante el Hay Festival, más de veinte estampas basadas en episodios vividos o imaginados por el Nobel. Una iniciativa a caballo entre el teatro y la performance que va a itinerar por diversos lugares de Latinoamérica.

Remedios la Bella ascendiendo a los cielos, un patriarca-zombi saliendo de la tumba, el cadáver ensangrentado de Santiago Nasar... e incluso una puta triste yaciendo en un lecho junto al escritor, quien, sentado, la coge respetuosamente de la mano mientras lee una novela. Desde la calle Don Sancho hasta la plaza de la Merced, en el recinto amurallado de Cartagena de Indias -la zona turística de esta ciudad efervescente-, el visitante no encuentra un rincón sin referente macondiano y comprende por qué se le llama a esto "la puesta en escena más grande de Colombia".

¿Cómo definirlo? Para el crítico Eduardo Serrano, los cuadros vivos "son pinturas, esculturas, fotografías o simplemente ideas encarnadas, literalmente, por personajes del pueblo que posan inmóviles durante largos lapsos en cumplimiento de la posición asignada".

Se trata de una tradición que los galeranos llevan más de cien años realizando y que ha sido declarada patrimonio inmaterial de la nación -se ha iniciado el proceso para que la Unesco también la reconozca-. Todos sus actores y creadores provienen de ese pueblecito de Sucre, de apenas 12.000 habitantes. "Este año, quisimos homenajear a Gabo", afirma Samuel Jaraba, secretario de los Cuadros Vivos, quien destaca la raíz espontánea y popular de estas representaciones estáticas y efímeras, que organizan los propios estudiantes y vecinos. "El pueblo entero se moviliza, trabajando durante meses, ofreciendo muebles, tejiendo ropa...". Por eso, dondequiera que uno pregunte quién hace los cuadros, se recibe una respuesta a lo Fuenteovejuna: "¡Todo el pueblo de Galeras, señor!".

La antropóloga Gloria Triana nos explica, entre el bullicio, que "a esto que ustedes ven aquí se le llama vestir calles, invadir un barrio entero con estas estampas, cuyo origen es religioso, vinculado a la festividad de los Reyes Magos. Con la evangelización de las colonias, se intentó arraigar la tradición española de los autos sacramentales, así que, al toparse con los ritos indígenas y africanos, adoptaron algunos de sus temas, integrándolos en el cristianismo. Como los españoles no tenían a santos para sus procesiones, pusieron a la gente a hacer de estatuas".

Sorprende el alto conocimiento de la obra de García Márquez que exhibe la gente del pueblo, desde los niños hasta los abuelos. "¡Mira, mamá, el farmacéutico!", exclama Ámbar, de 12 años, sabiendo perfectamente que se trata de Gabriel Eligio, el padre del escritor, especialista en homeopatía (en Europa se sigue creyendo que fue telegrafista, una ocupación que ejerció pero durante poco tiempo).

Jaraba explica que "hacer volar a Remedios no fue un problema, porque llevamos décadas haciendo volar ángeles. Aparte de Gabo, tenemos infinidad de temas, en 1989 empezamos a escenificar cuestiones no religiosas y hemos hecho desde la muerte de Sócrates hasta protestas contra la guerra. Las puestas en escena suelen durar unas dos horas porque es necesario descansar de la inmovilidad".

Además de las escenas que aparecen en estas páginas, hay varias protagonizadas por Remedios la Bella -volando, tocando de pies en el suelo-, La Candelaria (patrona de Cartagena), Florentino Ariza y Fermina Daza (la pareja de El amor en los tiempos del cólera), otras tituladas El cataclismo de Damocles (un discurso social de Gabo en 1986), La soledad del patriarca (alusión a su otoñal dictador de ficción) o una referencia a la senilidad que acompañó al autor durante sus últimos años, en Alzheimer en Macondo, en una línea más cercana a las visiones críticas o irónicas de las comparsas de los carnavales. Lo fúnebre, lo sensual y lo épico se entremezclan aquí en un todo lúdico, festivo y vital.

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