martes, 16 de junio de 2015

Festival de Cine de La Habana homenajeará a Gabo y premiará a Benicio del Toro

El Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano de La Habana celebrará su 36 edición con 478 obras y una vasta agenda en la que destaca el homenaje al escritor Gabriel García Márquez y los reconocimientos al actor Benicio del Toro y al director ruso Andréi Konchalovsky


Gabriel García Márquez siguen sus homenajes póstumos./Oriol Malet./lavanguardia.com


 
Benicio del Toro se prestó para  un  Pablo Escobar.
El realizador ruso Andréi Konchalovsky.

El evento será inaugurado el próximo 4 de diciembre en el Teatro Karl Marx de La Habana con la exitosa coproducción argentino-española "Relatos salvajes", uno de los 21 largos de ficción que competirá por el galardón de mejor película junto a otros filmes de Argentina, Cuba, Colombia, Chile, Brasil, México, Uruguay y República Dominicana.

El director del Festival, Iván Giroud, afirmó hoy en rueda de prensa que este año el concurso tendrá un "alto nivel" y recuperará el "peso" del cine cubano, con cuatro largos en competición, entre ellos cintas de los realizadores Fernando Pérez y Jorge Perugorría.

Entre los invitados confirmados destaca el actor portorriqueño Benicio del Toro -quien será distinguido con un premio Coral de honor junto con el realizador ruso Andréi Konchalovsky- así como el actor español Paco León y el estadounidense Matt Dilon.

Desde Estados Unidos también llegará el matrimonio conformado por Maria y André Jacquemetton, guionistas de la serie televisiva "Mad Men", quienes junto al realizador argentino Diego Lerman y el periodista español Ignacio Ramonet participarán en un seminario sobre el nuevo "paradigma" audiovisual que representan las series.

Uno de los ejes de la cita será el homenaje "fundamental" que se rendirá al escritor colombiano Gabriel García Márquez, fallecido en abril pasado, y en el que además participarán la Escuela Internacional de Cine y Televisión (EICTV) y la Fundación del Nuevo Cine Latinoamericano (FNCL), que el Nobel presidía.

García Márquez fue fundador de esas instituciones y también del Festival de La Habana, que ha programado un encuentro teórico y la exhibición de documentales sobre su figura, entre otras actividades.

En cuanto a las exhibiciones, Giroud resaltó que este año habrá novedades, empezando por el estreno en Cuba de la tecnología digital DCI mediante un proyector de alta gama adquirido por el ministerio de Cultura y el Instituto Cubano de Cine (Icaic).

Ante la "contracción" que ha experimentado el circuito de cines de La Habana, el Festival realizará además proyecciones de "cine móvil" por varios barrios de la ciudad con una pantalla gigante donada a la isla por el gobierno de Venezuela.

El amplio programa de muestras y retrospectivas incluirá cine español, canadiense, italiano y estadounidense, entre las que destaca la sección de cine independiente de EEUU, que mostrará por primera vez fuera de ese país un conjunto de películas "indie" afroamericanas.

Fuera de las 116 obras que concursan en cinco categorías, el cine latinoamericano mantendrá su fuerte presencia en el festival con decenas de largometrajes, cortos y documentales que repasan el panorama cinematográfico de la región.

El jurado de ficción estará integrado por realizadores como la argentina Lucía Puenzo, el colombiano Sergio Cabrera y el boliviano Juan Carlos Valdivia.

lunes, 15 de junio de 2015

La universidad de Texas adquiere el archivo de Gabo

Informe especial

El fondo contiene manuscritos, notas, fotos y correspondencia del fallecido Nobel

Mecanuscrito de Cien años de soledad  de Gabriel García Márquez. / Cortesía del Centro Harry Ransom./elpais.com,elespectador.com
Gabriel García Márquez revisa el texto de  Cien años de soledad. / Cortesía del Centro Harry Ransom./Foto:Hernán Díaz./elpais.com
Gabriel García Márquez en la espuma de la fama por el otorgamiento del Premio Nobel de Literatura 1982. /Biblioteca Nacional de Colombia./Nereo López.
Gabriel  García  Márquez con su viajero pasaporte cancelado./Centro Harry Random.

Mecanuscrito original de El general en su laberinto de Gabriel García Márquez./Centro Harry Random
Carta comunicado de la Familia García Barcha.

La Universidad de Texas, en Austin, ha comprado el archivo personal del premio Nobel colombiano Gabriel García Márquez y se convertirá en el lugar para que académicos, estudiantes y admiradores puedan consultar fotografías, manuscritos, notas y correspondencia del autor a partir del año próximo.

El fondo ya está siendo transportado a Estados Unidos, adonde está previsto que llegue esta semana. Stephen Enniss, director del centro de investigación en Humanidades de esa facultad, el Harry Ransom, asegura que la negociación para adquirir el archivo comenzó a finales de 2013, cuando el escritor todavía estaba vivo. La librería Glenn Horowitz representó a la familia del autor en la venta. “Visité México [donde García Márquez falleció y donde había pasado las últimas décadas de su vida] en julio de este año para examinar el archivo de primera mano”, cuenta Enniss. “Está en excelente estado”, explica.

En el archivo destacan los borradores de una novela inédita del autor, 'En agosto nos vemos'

El material incluye manuscritos originales de una decena de libros —Cien años de soledad, El amor en los tiempos del cólera y Memoria de mis putas tristes, entre ellos—; más de dos mil cartas, incluidas algunas de Carlos Fuentes y Graham Greene; borradores de su discurso de aceptación del premio Nobel de literatura en 1982; cuatro decenas de álbumes de fotografías, las máquinas de escribir Smith Corona, ordenadores y álbumes de recortes de periódicos de Latinoamérica y del resto del mundo. “El Centro tiene un laboratorio de conservación de primer nivel. Podemos guardar materiales de todo tipo: papel, fotos, grabaciones, archivos de computadora…”, afirma Enniss.

El director del centro Harry Ransom asegura que García Márquez “en general, no tenía copias de sus cartas, pero hay muchas que recibió de políticos y escritores”, por eso cree que “a la hora de estudiar su vida y obra, sus conexiones internacionales dicen mucho de lo que fue su trabajo”. En el archivo destacan los borradores de una novela inédita del autor, En agosto nos vemos, así como investigaciones para El general en su laberinto y una copia mecanografiada y marcada de Crónica de una muerte anunciada. “Los materiales documentan la gestación y los cambios en la obra de García Márquez y revelan sus luchas con el lenguaje y la estructura”, detalla el comunicado difundido por el propio centro académico. “Estamos planeando organizar un simposio en otoño de 2015, cuando se abra el archivo para la investigación”, adelanta Enniss sobre los planes de futuro del material, que incluyen la digitalización de partes de la colección para que el público general los pueda consultar también.

El Centro Harry Ransom alberga también el material de escritores como Jorge Luis Borges, William Faulkner y James Joyce. “Estamos encantados de que el archivo de Gabo viva en el gran y único Centro Ransom, donde generaciones de estudiosos y amantes de su trabajo podrán profundizar su aprecio y comprensión de su vida y su legado literario”, afirma el hijo de García Márquez, Rodrigo García, en el comunicado.

En Colombia, la ministra de Cultura, Mariana Garcés, lamentó que la documentación termine en Estados Unidos. “Es una lástima no tenerlo”, declaró a la agencia Efe. Otro de los hijos del escritor, Gonzalo García Barcha, dijo a la emisora colombiana Blu Radio que “el Gobierno colombiano nunca se hizo presente ni hizo ninguna oferta”.
Sin embargo, el ministerio de Cultura asegura que a finales de 2013, el Gobierno delegó en la directora de la Biblioteca Nacional, Consuelo Gaitán, la tarea de comunicarle a la familia del Nobel su interés en que el legado del escritor reposara en Colombia. “En las ocasiones en que el tema fue abordado por parte de la Directora de la Biblioteca, la familia manifestó su voluntad por aplazar cualquier tipo de determinación sobre el particular”, dice un comunicado. Aun así, el Ministerio dijo respetar la decisión de la familia, aunque insistió en que la Biblioteca Nacional está en la capacidad de conservar y digitalizar este tipo de archivo. Informa Elizabeth Reyes

 Los papeles perdidos de García Márquez  

Debate acerca de dónde deberían estar estos documentos, que incluyen manuscritos corregidos de varias de sus obras y cartas, entre otras piezas
A finales de 2013, la familia de Gabriel García Márquez contactó al Centro Harry Ransom de la Universidad de Texas, en Austin (EE.UU.), para negociar la entrega del archivo del escritor, que incluye manuscritos, pruebas corregidas de sus trabajos posteriores a Cien años de soledad, álbumes fotográficos e incluso computadores y máquinas de escribir del autor, según el recuento de Steve Enniss, director de la institución.
Las introducciones entre Enniss y su equipo, que incluye a José Montelongo, experto en literatura latinoamericana de esa universidad, las hizo un intermediario de la familia que contactó al centro por ser el lugar que guarda archivos de William Faulkner, Virginia Woolf y Jorge Luis Borges, entre otros escritores que influyeron en la obra de García Márquez, según cuenta Montelongo.
Esta negociación se conoció ayer, cuando un artículo del diario The New York Times anunció que los papeles de García Márquez son ahora de la Universidad de Texas, gracias a una transacción que Enniss no quiere discutir públicamente. La revelación se hizo al mismo tiempo que el centro como tal aseguró poseer el material que incluye, a grandes rasgos, siete piezas con manuscritos, obras de ficción y la autobiografía del autor, cuatro piezas de correspondencia (con escritores como Julio Cortázar, Graham Greene, Salman Rushdie, Milan Kundera, entre otros) y al menos 10 piezas con álbumes fotográficos, además de máquinas de escribir y computadores, cuyo contenido aún es desconocido, incluso para el mismo Centro Harry Ransom.
“Tuve la suerte de ver el material en México: fue un gran privilegio y una gran suerte gozar de la hospitalidad de doña Mercedes y Gonzalo García Barcha, quien fue uno de los hijos que estuvo ahí mientras estábamos nosotros. Uno no puede evitar un sentimiento de gran emoción al estar ante los documentos que nos permiten acceder al taller del escritor. Hay también una cierta sensación de indiscreción por estar frente a papeles que no estaban destinados a hacerse públicos”, cuenta Montelongo, quien fue una de las personas que en julio de este año fueron a México para evaluar los documentos.
“El archivo no incluye nada anterior a Cien años de soledad, porque, me permito especular, en ese tiempo García Márquez estaba más preocupado con la supervivencia que con la posteridad literaria: era un hombre que viajaba mucho y era difícil hacerlo con papeles y borradores. Cartas y fotos sí hay de la época anterior a Cien años de soledad”, relata el catedrático. En ese viaje de mediados de este año también estuvo Enniss, quien asegura que “el material confirmó nuestras sospechas: que sería de gran interés para alumnos e investigadores, pues es una ventana abierta hacia el proceso creativo de un gran escritor, algo que resulta especialmente cierto en el caso de Nos vemos en agosto”. Enniss se refiere a una novela no publicada del escritor, quien consideró que aún no se encontraba lista para ir a imprenta, aunque han aparecido fragmentos en The New Yorker y en el periódico español La Vanguardia. El Centro Harry Ransom adquirió los manuscritos de por lo menos 10 versiones de este trabajo que, confirma Enniss, podrán ser consultados incluso mientras la familia del autor decide qué hacer con el material en términos de publicación. Claro, serán documentos que probablemente no sean fotografiados ni escaneados ni puestos en línea, al menos hasta que esta cuestión no se decida. “Es el manuscrito más rico en el aspecto de la composición, y aunque sea la única novela no publicada de este archivo, es también una de las más reveladoras en torno al proceso creativo del escritor”, sostiene Montelongo.
Los documentos pasan ahora a un proceso de catalogación que tomará unos meses, según las cuentas de Enniss. Una parte del material de García Márquez estará disponible en línea y todo el proyecto del archivo debe entrar en funcionamiento a mediados del próximo año.
Casi predeciblemente, la adquisición del archivo por parte de la Universidad de Texas, en Austin, desató un debate en Colombia, pleno de patriotismo y algunas acusaciones alrededor de un material que, en la visión de algunos, debería haberse quedado en el país. Algunas versiones incluso señalaron que hubo una especie de puja en la que el establecimiento cultural del país brilló por su ausencia. Enniss, por su parte, asegura que no estuvo enterado de que hubiera conversaciones para ofertar por el material por parte de instituciones, colombianas o de otros lugares, y repite que el Centro Harry Ransom fue contactado por la familia de García Márquez.
Al respecto, el Ministerio de Cultura aseguró que “la directora de la Biblioteca Nacional, Consuelo Gaitán, fue delegada por el Gobierno Nacional desde finales de 2013 para comunicar a la familia García Barcha el interés porque el legado del escritor reposara en Colombia y específicamente en los fondos de la Biblioteca Nacional”. La familia del autor afirmó en un comunicado que “…nosotros decidimos que el archivo de los documentos literarios y del correo fuera al Centro Harry Ransom (…). Hay otra serie de objetos personales de Gabo, como son la máquina en donde escribió Cien años de soledad, la medalla y el diploma del Premio Nobel, así como parte de su biblioteca personal, que están destinadas a la Biblioteca Nacional de Colombia, con quienes hemos mantenido conversaciones durante más de un año”.
Más allá de la inmediatez de la polémica, hay un debate de fondo acerca de quién es el dueño de un escritor, o su obra para este caso: el país donde nació, el país sobre el que escribió o el lugar de donde proviene la lengua que usó para comunicar sus ideas. Llegan a la mente ejemplos levemente problemáticos como Emil Cioran (rumano de nacimiento, escribió en francés, murió en Francia), Joseph Conrad (polaco, escribió en inglés y vivió en Inglaterra), Vladimir Nabokov (ruso, catedrático estadounidense, publicó en ambos idiomas) o incluso el mismo García Márquez: colombiano cuya obra está profundamente vinculada al país y al continente, pero cuya carrera, en buena parte, se desarrolló en México. Cabe recordar que a mediados de los años 80 el autor salió huyendo del país gracias a ciertas amenazas veladas por parte del Gobierno y los militares de turno, todo esto según la propia versión del autor.

Ministerio de Cultura y Biblioteca Nacional se pronuncian sobre archivo particular de Gabriel García Márquez

Ante la información de que los archivos personales del Premio Nobel Gabriel García Márquez fueron adquiridos por The Harry Ransom Center de la Universidad de Texas, el Ministerio de Cultura y la Biblioteca Nacional se permiten manifestar que la Directora de la Biblioteca Nacional, Consuelo Gaitán, fue delegada por el Gobierno Nacional desde finales de 2013 para comunicar a la familia García Barcha el interés por que el legado del escritor reposara en Colombia y específicamente en los fondos de la Biblioteca Nacional.

En las ocasiones en que el tema fue abordado por parte de la Directora de la Biblioteca, la familia manifestó su voluntad por aplazar cualquier tipo de determinación sobre el particular, hecho que le fue comunicado a la Ministra de Cultura, Mariana Garcés Córdoba.

Sobre la supuesta subasta pública vía internet en donde se ofertaron los archivos privados del Nobel, como lo aseguró un medio de comunicación y se ha difundido en algunas redes sociales, el Gobierno Nacional informa que sostuvo conversaciones telefónicas tanto con la periodista del New York Times,  Jennifer Schuessler, como con las oficinas de Glenn Horowitz, también en Nueva York. Ambas fuentes confirmaron que los archivos nunca estuvieron disponibles en subasta pública y que su posible venta no fue anunciada por internet ni por ningún otro medio.

El Gobierno Nacional lamenta que estos documentos no reposen en Colombia pero respeta la decisión tomada por la familia.  Aunque reconoce que la Biblioteca Nacional de Colombia  cuenta con la capacidad para la conservación y digitalización de este tipo de archivos como lo hace con la colección de Mutis, Cuervo y Arciniegas, también exalta que el archivo literario de la Universidad de Texas es uno de los más importantes del mundo, puede garantizar su conservación, así como el uso para fines públicos y de carácter académico, además valora el prestigio de este centro universitario donde reposan archivos tan importantes como el del escritor argentino Jorge Luis Borges y el irlandés James Joyce. 

Mayores informes:
Oficina de Divulgación y prensa - Ministerio de Cultura
Ibon Munévar G.
Cel. 3005728817
Juan Carlos Millán
Cel. 311 8786743

domingo, 14 de junio de 2015

El cuento del domingo

Gabriel García Márquez
Blacamán el nuevo vendedor de milagros
Desde el primer domingo que lo vi me pareció una mula de monosabio, con sus tirantes de terciopelo pespuntados con filamentos de oro, sus sortijas con pedrerías de colores en todos los dedos y su trenza de cascabeles, trepado sobre una mesa en el puerto de Santa María del Darién, entre los frascos de específicos y las yerbas de consuelo que él mismo preparaba y vendía a grito herido por los pueblos del Caribe, sólo que entonces no estaba tratando de vender nada de aquella cochambre de indios sino pidiendo que le llevaran una culebra de verdad para demostrar en carne propia un contraveneno de su invención, el único infalible, señoras y señores, contra las picaduras de serpientes, tarántulas y escolopendras, y toda clase de mamíferos ponzoñosos.  Alquien que parecía muy impresionado por su determinación consiguió nadie supo dónde y le llevó dentro de un frasco una mapaná de las peores, de esas que empiezan por envenenar la respiración, y él la destapó con tantas ganas que todos creimos que se la iba a comer, pero no bien se sintió libre el animal saltó fuera del frasco y le dio un tijeretazo en el cuello que ahí mismo lo dejó sin aire para la oratoria, y apenas tuvo tiempo de tomarse el antídoto cuando el dispensario de pacotilla se derrumbó sobre la muchedumbre y él quedó revolcándose en el suelo con el enorme cuerpo desbaratado como si no tuviera nada por dentro, pero sin dejarse de reir con todos sus dientes de oro.  Cómo sería el estrépito, que un acorazado del norte que estaba en el muelle desde hacía como veinte años en visita de buena voluntad declaró la cuarentena para que no se subiera a bordo el veneno de la culebra, y la gente que estaba santificando el domingo de ramos se salió de la misa con sus palmas benditas, pues nadie quería perderse la función del emponzoñado que ya empezaba a inflarse con el aire de la muerte, y estaba dos veces más gordo de lo que había sido, echando espuma de hiel por la boca y resollando por los poros, pero todavía riéndose con tanta vida que los cascabeles le cascabeleaban por todo el cuerpo.  La hinchazón le reventó los cordones de las polainas y las costuras de la ropa, los dedos se le amorcillaron por la presión de las sortijas, se puso del color del venado en salmuera y se le salieron por la culata unos requiebros de postrimerías, así que todo el que había visto un picado de culebra sabía que se estaba pudriendo antes de morir y que iba a quedar tan desmigajado que tendrían que recogerlo con una pala para echarlo dentro de un saco, pero también pensaban que hasta en su estado de aserrín iba a seguirse riendo.  Aquello era tan increíble que los infantes de marina se encaramaron en los puentes del barco para tomarle retratos en colores con aparatos de larga distancia, pero las mujeres que se habían salido de misa les descompusieron las intenciones, pues taparon al moribundo con una manta y le pusieron encima las palmas benditas, una porque no les gustaba que la infantería profanara el cuerpo con máquinas de adventistas, otras porque les daba miedo seguir viendo aquel idólatra que era capaz de morirse muerto de risa, y otras por si acaso conseguían con eso que por lo menos el alma se le desenvenenara.  Todo el mundo lo daba por muerto, cuando se apartó los ramos de una brazada, todavía medio atarantado y todo desconvalecido por el mal rato, pero enderezó la mesa sin ayuda de nadie, se volvió a subir como un cangrejo, y ya estaba otra vez gritando que aquel contraveneno era sencillamente la mano de Dios en un frasquito, como todos lo habíamos visto con nuestros propios ojos, aunque sólo costaba dos cuartillos porque él no lo había inventado como negocio sino por el bien de la humanidad, y a ver quién dijo uno, señoras y señores, no más que por favor no se me amontonen que para todos hay.
            Por supuesto que se amontonaron, y que hicieron bien, porque al final no hubo para todos.  Hasta el almirante del acorazado se llevó un frasquito, convencido por él de que también era bueno para los plomos envenenados de los anarquistas, y los tripulantes no se conformaron con tomarle subido en la mesa los retratos en colores que no pudieron tomarle muerto, sino que le hicieron firmar autógrafos hasta que los calambres le torcieron el brazo.  Era casi de noche y sólo quedábamos en el puerto los más perplejos, cuando él buscó con la mirada a alguno que tuviera cara de bobo para que lo ayudara a guardar los frascos, y por supuesto se fijó en mí.  Aquella fue como la mirada del destino, no sólo del mío sino también del suyo, pues de eso hace más de un siglo y ambos nos acordamos todavía como si hubiera sido el domingo pasado.  El caso es que estábamos metiendo su botica de circo en aquel baúl con vueltas de púrpura que más bien parecía el sepulcro de un erudito, cuando el debió verme por dentro alguna luz que no me había visto antes, porque me preguntó de mala índole quién eres tú, y yo le contesté que era el único huérfano de padre y madre a quien todavía no se le había muerto el papá, y él soltó unas carcajadas más estrepitosas que las del veneno y me preguntó después qué haces en la vida, y yo le contesté que no hacía más que estar vivo porque todo lo demás no valía la pena, y todavía llorando de risa me preguntó cuál es la ciencia que más quisieras conocer en el mundo, y esa fue la única vez en que le contesté sin burlas la verdad, que quería ser adivino, y entonces no se volvió a reir sino que me dijo como pensando de viva voz que para eso me faltaba poco, pues ya tenía lo más difícil de aprender, que era mi cara de bobo.  Esa misma noche habló con mi padre, y por un real y dos cuartillos y una baraja de pronosticar adulterios, me compró para siempre.
            Así era Blacamán, el malo, porque el bueno soy yo.  Era capaz de convencer a un astrónomo de que el mes de febrero no era más que un rebaño de elefantes invisibles, pero cuando la buena suerte se le volteaba se volvía bruto del corazón.  En sus tiempos de gloria había sido embalsamador de virreyes, y dicen que les componía una cara de tanta autoridad que durante mucho años seguían gobernando mejor que cuando estaban vivos, y que nadie se atrevía a enterrarlos mientras él no volviera a ponerles su semblante de muertos, pero el prestigio se le descalabró con la invención de un ajedrez de nunca acabar que volvió loco a un capellán y provocó dos suicidios ilustres, y así fue decayendo de intérprete de sueños en hipnotizador de cumpleaños, de sacador de muelas por sugestión en curandero de feria, de modo que por la época en que nos conocimos ya lo miraban de medio lado hasta los filibusteros.  Andábamos a la deriva con nuestro tenderete de chanchullos, y la vida era una eterna zozobra tratando de vender los supositorios de evasión que volvían transparentes a los contrabandistas, las gotas furtivas que las esposas bautizadas echaban en la sopa para infundir el temor de Dios en los maridos holandeses, y todo lo que ustedes quieran comprar por su propia voluntad, señoras y señores, porque esto no es una orden sino un consejo, y al fin y al cabo, tampoco la felicidad es una obligación.  Sin embargo, por mucho que nos muriéramos de risa de sus ocurrencias, la verdad es que a duras penas nos alcanzaban para comer, y su última esperanza se fundaba en mi vocación de adivino.  Me encerraba en el baúl sepulcral disfrazado de japonés y amarrado con cadenas de estribor para que tratara de adivinar lo que pudiera, mientras él le daba vueltas a la gramática buscando el mejor modo de convencer al mundo de mi nueva ciencia, y aquí tienen, señoras y señores, a esta criatura encandilada por las luciérnagas de Ezequiel, y usted que se ha quedado ahí con esa cara de incrédulo vamos a ver si se atreve a preguntarle cuándo se va a morir, pero nunca conseguí adivinar ni la fecha en que estábamos, así que él me desahució como adivino porque el sopor de la digestión te trastorna la glándula de los presagios, y resolvió llevarme donde mi padre para que le devolviera la plata.  Sin embargo, en esos tiempos le dio por encontrar aplicaciones prácticas para la electricidad del sufrimiento, y se puso a fabricar una máquina de coser que funcionara conectada mediante ventosas con la parte del cuerpo en que se tuviera un dolor.  Como yo pasaba la noche quejándome de las palizas que él me daba para conjurar la mala suerte, tuvo que quedarse conmigo como probador de su invento, y así el regreso se nos fue demorando y se le fue componiendo el humor, hasta que la máquina funcionó tan bien que no sólo cosía mejor que una novicia, sino que además bordaba pájaros y astromelias según la posición y la intensidad del dolor.  En esas estábamos, convencidos de haber burlado otra vez a la adversidad, cuando nos alcanzó la noticia de que el comandante del acorazado había querido repetir en Filadelfia la prueba del contraveneno, y se convirtió en mermelada de almirante en presencia de su estado mayor.
            No se volvió a reir en mucho tiempo.  Nos fugamos por desfiladeros de indios, y mientras más perdidos nos encontrábamos más claras nos llegaban las voces de que los infantes de marina habían invadido la nación con el pretexto de exterminar la fiebre amarilla, y andaban descabezando a cuanto cacharrero inveterado o eventual encontraban a su paso, y no sólo a los nativos por precaución, sino también a los chinos por distracción, a los negros por costumbre y a los hindúes por encantadores de serpientes, y después arrasaron con la fauna y la flora y con lo que pudieron del reino mineral, porque sus especialistas en nuestros asuntos les habían enseñado que la gente del Caribe tenía la virtud de cambiar de naturaleza para embolatar a los gringos.  Yo no entendía de dónde les había salido aquella rabia, no por qué nosotros teníamos tanto miedo, hasta que nos hallamos a salvo en los vientos eternos de la Guajira, y sólo allí tuvo ánimos para confesarme que su contraveneno no era más que ruibarbo con trementina, pero que le había pagado dos cuartillos a un calanchín para que le llevara aquella mapaná sin ponzoña.  Nos quedamos en las ruinas de una misión colonial, engañados con la esperanza de que pasaran los contrabandistas, que eran hombres de fiar y los únicos capaces de aventurarse bajo el sol mercurial de aquellos yermos de salitre.  Al principio comíamos salamandras con flores de escombros, y aún nos quedaba espíritu para reirnos cuando tratamos de comernos sus polainas hervidas, pero al final nos comimos hasta las telarañas de los aljibes, y sólo entonces nos dimos cuenta de la falta que nos hacía el mundo.  Como yo no conocía en aquel tiempo ningún recurso contra la muerte, simplemente me acosté a esperarla donde me doliera menos, mientras él deliraba con el recuerdo de una mujer tan tierna que podía pasar suspirando a través de las paredes, pero también aquel recuerdo inventado era un artificio de su ingenio para burlar a la muerte con lástimas de amor.  Sin embargo, a la hora en que debíamos habernos muerto se me acercó más vivo que nunca y estuvo la noche entera vigilándome la agonía, pensando con tanta fuerza que todavía no he logrado saber si lo que silbaba entre los escombros era el viento o su pensamiento, y antes del amanecer me dijo con la misma voz y la misma determinación de otra época que ahora conocía la verdad, y era que yo le había vuelto a torcer la suerte, de modo que amárrate bien los pantalones porque lo mismo que me la torciste me la vas a enderezar.
            Ahí fue donde se echó a perder el poco de cariño que le tenía.  Me quitó los últimos trapos de encima, me enrolló en alambre de púas, me restregó piedras de salitre en las mataduras, me puso en salmuera en mis propias aguas y me colgó por los tobillos para macerarme al sol, y todavía gritaba que aquella mortificación no era bastante para apaciguar a sus perseguidores.  Por último me echó a pudrir en mis propias miserias dentro del calabozo de penitencia donde los misioneros coloniales regeneraban a los herejes, y con la perfidia de ventrílocuo que todavía le sobraba se puso a imitar las voces de los animales de comer, el rumor de las remolachas en octubre y el ruido de los manantiales, para torturarme con la ilusión de que me estaba muriendo de indigencia en el paraíso.  Cuando por fin lo abastecieron los contrabandistas, bajaba al calabozo para darme de comer cualquier cosa que no me dejara morir, pero luego me hacía pagar la caridad arrancándome las uñas con tenazas y rebajándome los dientes con piedras de triturar, y mi único consuelo era el deseo de que la vida me diera tiempo y fortuna para desquitarme de tanta infamia con otros martirios peores.  Yo mismo me asombraba de que pudiera resistir la peste de mi propia putrefacción, y todavía me echaba encima las sobras de sus almuerzos y mataba animales del desierto y los ponía por los rincones para que el aire del calabozo se acabara de envenenar.  No sé cuánto tiempo había pasado, cuando me llevó el cadáver de un conejo para mostrarme que prefería echarlo a pudrir en vez de dármelo a comer, y hasta allí me alcanzó la paciencia y solamente me quedó el rencor, de modo que agarré el conejo por las orejas y lo mandé contra la pared con la ilusión de que era él y no el animal el que se iba a reventar y entonces fue cuando sucedió, como en un sueño, que el conejo no sólo resucitó con un chillido de espanto, sino que regresó a mis manos caminando por el aire.
            Así fue como empezó mi vida grande.  Desde entonces ando por el mundo desfiebrando a los palúdicos por dos pesos, visionando a los ciegos por cuatro con cincuenta, desaguando a los hidrópicos por dieciocho, completando a los mutilados por veinte pesos si lo son de nacimiento, por veintidós si lo son por accidente o peloteras, por veinticinco si lo son por causa de guerras, terremotos, desembarcos de infantes o cualquier otro gesto de calamidades públicas, atendiendo a los enfermos comunes al por mayor mediante arrego especial, a los locos según su tema, a los niños por mitad de precio y a los bobos por gratitud, y a ver quién se atreve a decir que no soy un filántropo, damas y caballeros, y ahora sí, señor comandante de la vigésima flota, ordene a sus muchachos que quiten las barricadas para que pase la humanidad doliente, los lazariños a la izquierda, los epilépticos a la derecha, los tullidos donde no estorben y allá detrás los menos urgentes, no más que por favor no se me apelotonen que después no respondo si se les confunden las enfermedades y quedan curados de lo que no es, y que siga la música hasta que hierva el cobre, y los cohetes hasta que se quemen los ángeles y el aguardiente hasta matar la idea, y vengan los maritornes y los maromeros, los matarifes y los fotógrafos, y todo eso por cuenta mía, damas y caballeros, que aquí se acabó la mala fama de los Blacamanes y se armó el despelote universal.  Así los voy adormeciendo, con técnicas de diputado, por si acaso me falla el criterio y algunos se me quedan peor de lo que estaban.  Lo único que ya no hago es resucitar a los muertos, porque apenas abren los ojos contramatan de rabia al perturbador de su estado, y a fin de cuentas los que no se suicidan se vuelven a morir de desilusión.  Al principio me perseguía un congreso de sabios para investigar la legalidad de mi industria, y cuando estuvieron convencidos me amenazaron con el infierno de Simón el Mago y me recomendaron una vida de penitencia para que llegara a ser santo, pero yo les contesté sin menosprecio de su autoridad que era precisamente por ahí por donde había empezado.  La verdad es que yo no gano nada con ser santo después de muerto, yo lo que soy es un artista, y lo que único que quiero es estar vivo para seguir a pura de flor de burro con este carricoche convertible de dieciséis cilindros que le compré al cónsul de los infantes, con este chofer trinitario que era barítono de la ópera de los piratas de Nueva Orleans, con mis camisas de gusano legítimo, mis lociones de oriente, mis dientes de topacio, mi sombrero de tartarita y mis botines de dos colores, durmiendo sin despertador, bailando con las reinas de la belleza y dejándolas como alucinadas con mi retórica de diccionario, y sin que me tiemble la pajarilla si un miércoles de ceniza se me marchitan las facultades, que para seguir con esta vida de ministro me basta con mi cara de bobo y me sobra con el tropel de tiendas que tengo desde aquí hasta más allá del crepúsculo, donde los mismos turistas que nos andaban cobrando al almirante trastabillan ahora por comprar los retratos con mi rúbrica, los almanaques con mis versos de amor, las medallas con mi perfil, mis pulgadas de ropa, y todo eso sin la gloriosa conduerma de estar todo el día y toda la noche esculpido en mármol ecuestre y cagado de colondrinas como los padres de la patria.
            Lástima que Blacamán el malo no pueda repetir esta historia para que vean que no tiene nada de invención.  La última vez que alguien lo vio en este mundo había perdido hasta los estoperoles de su antiguo esplendor, y tenía el alma desmantelada y los huesos en desorden por el rigor del desierto, pero todavía le sobró un buen par de cascabeles para reaparecer aquel domingo en el puerto de Santa María del Darién con el eterno baúl sepulcral, sólo que entonces no estaba tratando de vender ningún contraveneno sino pidiendo con la voz agrietada por la emoción que los infantes de marina lo fusilaran en espectáculo público para demostrar en carne propia las facultades resucitadoras de esta criatura sobrenatural, señoras y señores, y aunque a ustedes les sobra derecho para no creerme después de haber padecido durante tanto tiempo mis malas mañas de embustero y falsificador, les juro por los huesos de mi madre que esta prueba de hoy no es nada del otro mundo sino la humilde verdad, y por si les quedara alguna duda fíjense bien que ahora no me estoy riendo como antes sino aguantando las ganas de llorar.  Cómo sería de convincente, que se desabotonó la camisa con los ojos ahogados de lágrimas y se daba palmadas de mulo en el corazón para indicar el mejor sitio de la muerte, y sin embargo los infantes de marina no se atrevieron a disparar por temor de que las muchedumbres dominicales les conocieran el desprestigio.  Alguien que quizás no olvidaba los blacamanismos de otra época consiguió nadie supo dónde y le llevó dentro de una lata unas raíces de barbasco que habrían alcanzado para sacar a flote a todas las corbinas del Caribe, y él las destapó con tantas ganas como si de verdad se las fuera a comer, y en efecto se las comió, señoras y señores, no más que por favor no se me conmuevan ni vayan a rezar por mi descanso, que esta muerte no es más que una visita.  Aquella vez fue tan honrado que no incurrió en estertores de ópera sino que se bajó de la mesa como un cangrejo, buscó en el suelo a través de las primeras dudas el lugar más digno para acostarse, y desde allí me miró como a una madre y exhaló el último suspiro entre sus propios brazos, todavía aguantando sus lágrimas de hombre y torcido al derecho y al revés por el tétano de la eternidad.  Fue esa la única vez, por supuesto, en que me fracasó la ciencia.  Lo metí en aquel baúl de tamaño premonitorio donde cupo de cuerpo entero, le hice cantar una misa de tinieblas que me costó cincuenta doblones de a cuatro porque el oficiante estaba vestido de oro y había además tres obispos sentados, le mandé a edificar un mausoleo de emperador sobre una colina expuesta a los tiempos más propicios del mar, con una capilla para él solo y una lápida de hierro donde quedó escrito con mayúsculas góticas que aquí yace Blacamán el muerto, mal llamado el malo, burlador de los infantes y víctima de la ciencia, y cuando estas honras me bastaron para hacerle justicia por sus virtudes empecé a desquitarme de sus infamias, y entonces lo resucité dentro del sepulcro blindado, y allí lo dejé revolcándose en el horror.  Eso fue mucho antes de que a Santa María del Darién se le tragara la marabunta, pero el mausoleo sigue intacto en la colina, a la sombra de los dragones que suben a dormir en los vientos atlánticos, y cada vez que paso por estos rumbos le llevo un automóvil cargado de rosas y el corazón me duele de lástima por sus virtudes, pero después pongo el oído en la lápida para sentirlo llorar entre los escombros del baúl desbaratado, y si acaso se ha vuelto a morir lo vuelvo a resucitar, pues la gracia del escarmiento es que siga viviendo en la sepultura mientras yo esté vivo, es decir, para siempre.

viernes, 12 de junio de 2015

Guillermo Martínez gana el I Premio Hispanoamericano de Cuento Gabriel García Márquez

El escritor argentino obtiene el galardón por su libro  Una felicidad repulsiva. Se presentaron 123 obras de España y América Latina

 
Guillermo Martínez nació en 1962 en la ciudad de Bahía Blanca. Es profesor de la Universidad de Virginia (EE. UU.)./Claudia Rubio./elpais.com, eltiempo.com
Una felicidad repulsiva de Guillermo Martínez, libro de cuentos ganador.

Relatos que “pueden llevar por leves pendientes de una felicidad familiar perfecta al descubrimiento más macabro, o encontrar derivaciones dramáticas insospechadas de la fricción entre ciencia y religión, o debatirse entre el sexo y la muerte”, bajo el título de Felicidad repulsiva (Planeta), del argentino Guillermo Martínez, ha obtenido el I Premio Hispanoamericano de Cuento Gabriel García Márquez. El galardón, convocado por el Ministerio de Cultura de Colombia y la Biblioteca Nacional, en alianza con el Instituto Cervantes de España, fue concedido este viernes en Bogotá, y surgió poco depués de la muerte del Nobel colombiano, el 17 de abril pasado. El libro del autor argentino (Bahía Blanca, 1962), doctor en matemáticas pero dedicado únicamente a la literatura, fue seleccionado entre más de 123 títulos presentados y publicados en España y América Latina. La obra ganadora, según el jurado, está compuesta por once cuentos que “bordean la línea tenue que separa la locura de la cordura, la fatalidad de la coincidencia, y el sueño de la pesadilla”. Destacó, también, la unidad y solidez, la sutileza y el equilibrio, como características de su prosa, así como el dominio vigoroso del género: “Este libro refleja, además, una mirada peculiar en la que el absurdo, el horror, lo fantástico y lo extraño que arranca de lo cotidiano, son tratados con absoluta maestría”.
Este libro refleja, además, una mirada peculiar en la que el absurdo, el horror, lo fantástico y lo extraño que arranca de lo cotidiano, son tratados con absoluta maestría
El premio es una de las maneras como Colombia quiere homenajear a su gran escritor, y autor de obras como Cien años de soledad. “El cuento tiene ahora un galardón a la altura de su medida”, dijo durante la ceremonia de premiación Consuelo Gaitán, directora de la Biblioteca Nacional. El escritor argentino competía con un grupo de cinco finalistas entre los que estaban la argentina Carolina Bruck, con su libro Las otras; el mexicano Héctor Manjarrez, con Anoche dormí en la montaña; el español Óscar Sipán, con Quisiera tener la voz de Leonard Cohen para pedirte que te marcharas; y el chileno Alejandro Zambra, con Mis documentos. Al recibir el premio, dijo que el género del cuento está un poco desfavorecido en el mundo editorial, pero confía en que iniciativas como este galardón lo fortalezcan. También recordó a su padre, fallecido: “Pensaba que con la literatura no podría ganarme la vida, aunque fue él quien nos inspiró a mí a mis hermanos el amor por la literatura". En palabras del autor, los cuentos, que fueron escritos a lo largo de 10 años, tienen en común el suspenso. “Son historias de lo cotidiano, pero en un momento se transforman en algo cercano a lo siniestro, a la pesadilla, a la locura, de que algo terrible va a pasar”, le dijo a este diario. Uno de ellos habla sobre el último día de Trotski y otro de una madre sobreprotectora que trata de criar a un hijo sin exponerlo a la luz. Varían también en extensión. Tan breves, entre dos y tres páginas hasta una nouvelle de 50 páginas, que es la que cierra el libro.
Es uno de los escritores argentinos de esta generación más traducidos del mundo y actualmente dicta clases de escritura creativa en una maestría de la Universidad Nacional de Tres de Febrero, Untref
Martínez escribe desde los 14 años y es autor de los dos libros de cuentos Infierno grande y Una felicidad repulsiva, de las novelas Acerca de Roderer, La mujer del maestro, Crímenes imperceptibles (llevada al cine por Alex de la Iglesia y ganadora del premio Planeta en 2003), La muerte lenta de Luciana B. y Yo también tuve una novia bisexual, todos publicados por Planeta. Su obra también incluye el libro de ensayos Borges y la Matemática y en el pasado ha sido galardonado con los premios argentinos del Fondo Nacional de las Artes y el Konex. Es uno de los escritores argentinos de esta generación más traducidos del mundo y actualmente dicta clases de escritura creativa en una maestría de la Universidad Nacional de Tres de Febrero, Untref. El jurado del premio, presidido por la escritora española Cristina Fernández Cubas lo formaron el escritor, caricaturista y periodista colombiano Antonio Caballero, el salvadoreño Horacio Castellanos Moya, el argentino Mempo Giardinelli y el mexicano Ignacio Padilla. El mismo García Márqeuz y su familia dieron el visto bueno para que en los próximos 20 años se premie anualmente un libro de cuentos escrito en español y editado por primera vez, una apuesta que según la directora de la Biblioteca Nacional, Consuelo Gaitán, representa la de cientos de escritores que insisten en escribir cuentos, pero también la de los editores que realizan grandes esfuerzos por sacar esos libros al mercado y ponerlos en los circuitos de distribución. Desde la publicación de La tercera resignación, en septiembre de 1947, García Márquez escribió más de 40 cuentos, un género que en sus palabras "parece ser el género natural de la humanidad por su incorporación espontánea a la vida cotidiana". El premio también es un homenaje al Gabo lector. "García Márquez leyó desde que era un niño. Leyó escondido en la casa de los abuelos, en la cancha de fútbol, leyó con el libro sobre las piernas y oculto debajo del pupitre en las clases del liceo, leyó en burdeles, en cuartuchos de mala muerte, en cafés, en el tranvía bogotano que daba vueltas a la ciudad, leyó en la biblioteca escolar y en la sala de música de la Biblioteca Nacional. García Márquez leyó poesía, cuentos, novelas, historia, clásicos griegos y romanos, leyó tiras cómicas y leyó notas de prensa. Gabo leyó y leyó, y el mundo continúa leyéndolo a él", dijo Gaitán.

Martínez: "El escritor es un ilusionista"

Con el libro Una felicidad repulsiva (Planeta), el escritor argentino Guillermo Martínez ganó este viernes la primera edición del Premio Hispanoamericano de Cuento Gabriel García Márquez, dotado con una bolsa de cien mil dólares (unos 215 millones de pesos), que entregó el presidente Juan Manuel Santos, en el Teatro Colón de la capital.

Al anunciar el ganador, el escritor argentino Mempo Giardinelli, uno de los miembros del jurado, resaltó de Martínez –en la lectura del acta– “la unidad y la solidez, la sutileza y el equilibrio, como características de su prosa, así como el dominio vigoroso del género. Este libro refleja, además, una mirada peculiar en la que el absurdo, el horror, lo fantástico y lo extraño que arranca de lo cotidiano, son tratados con absoluta maestría”.

A su turno, el presidente Santos destacó que con la creación de este galardón, al que Gabo gustoso aportó su nombre por 20 años cuando el primer mandatario se lo propuso el año pasado en su residencia de México, se pretende fomentar la lectura y el amor por este género.

“Queremos que leer sea el cuento de todos los colombianos. Queremos que el cuento a su vez sea un género favorito no solo de los niños sino de los lectores de cualquier edad”, dijo Santos, al anunciar que el Gobierno comprará los libros de los cinco finalistas de esta edición del premio para distribuirlos en las 1.400 bibliotecas públicas del país.

En conversación con EL TIEMPO, el escritor ganador cuenta de qué manera el autor de Cien años de soledad lo influyó así como sus inquietudes alrededor de los relatos incluidos en el libro con que ganó.

Los cuentos de su libro premiado se mueven por la línea de la locura, la cordura, las pesadillas y las coincidencias fatales.

¿Cómo los definiría?

Creo que son historias que tienen un elemento de suspenso. Suspenso no necesariamente de tipo policial, pero sí esta cuestión de la inminencia de algo que va a ocurrir y que es impredecible de acuerdo con una lógica del sentido común. A mí me interesa esa clase de efecto en la literatura. Mi idea del escritor es como si fuera un ilusionista. Entonces, empieza con algunos materiales que parecen descartables, y a partir de eso construye una situación que permite ver algo que es esencialmente distinto.

¿Es decir que los relatos se mueven por un terreno más fantástico?

En este libro hay un cierto retorno al género fantástico, que para mí fue muy importante en mi formación literaria. Hay como dos líneas muy claras en la historia de la literatura argentina: una que tiene que ver con la literatura fantástica, con nombres como Borges, Bioy Casares, Cortázar, y otra línea que apunta más a cierto realismo de corte testimonial. A mí me gusta más esa idea en la que la literatura tiene algo de mundo autónomo con respecto a la realidad y trato siempre de que aunque parta de una situación real deriven o se transformen en algo esencialmente diferente.

¿Qué tanto pesó Gabo en su formación literaria?

Yo a García Márquez lo leí en la adolescencia como parte de una cantidad de lecturas de formación; sobre todo estaban en mi casa también todos los libros que formaban parte del mismo mundo de Macondo. Me acuerdo de La hojarasca, La mala hora, El coronel no tiene quien le escriba y Cónica de una muerte anunciada.

Al recibir el premio, usted destacó esa presencia particular de la mujer en la obra de Gabo, presente también en la suya…
Yo creo que lo sexual es uno de los elementos que aparecen desde mis primeros cuentos. Tengo algunos que son muy eróticos, como algunos de este libro de cuentos. Es una más de las dimensiones de mis novelas: esa relación con las mujeres y el elemento de tragedia que puede haber involucrado en ocasiones.

Usted es matemático de formación. ¿Hay algún tipo de diálogo entre ciencia y literatura en su obra?

Mi formación inicial ha sido básicamente la de un mundo literario, la matemática fue casi un accidente en mi vida. La formación científica fue algo que llegó mucho después de que yo me iniciara como escritor. Terminé mi primer libro a los 19 años. Más bien yo pensaba en terminar una carrera científica para ganarme la vida y hacer luego una carrera como filosofía o literatura. Pero sí creo que hay analogías en cuanto a la forma de crear en los dos ámbitos.

Cinco finalistas de primer nivel


Además de Guillermo Martínez, los otros cuatro finalistas fueron los escritores Carolina Bruck de Argentina, con el libro Las otras; Héctor Manjarrez  deMéxico, con  Anoche dormí en la montaña; Óscar Sipán de España, con Quisiera tener la voz de Leonard Cohen para pedirte que te marcharas, y Alejandro Zambra de Chile, con Mis documentos.

jueves, 11 de junio de 2015

Cinco libros de cuentos hispanoamericanos aspiran al Premio Gabriel García Márquez

Cinco libros de relatos escritos por autores de Argentina, Chile, España y México compiten por alzarse hoy con el Premio Hispanoamericano de Cuento Gabriel García Márquez, galardón que vive su primera edición como un tributo a la faceta  cuentista  del Nobel colombiano y que aspira a convertirse en referente

 
Las obras finalistas al Premio Hispanoamericano de Cuento Gabriel García Márquez./mincultura.gov.co
El proyecto nació a finales del año pasado, unos meses antes de la muerte de García Márquez, con el objetivo de poner en valor a este género tradicionalmente minusvalorado en la literatura hispanoamericana, según explicó a Efe la directora de la Biblioteca Nacional de Colombia y una de las impulsoras del premio, Consuelo Gaitán.
El propio García Márquez dio su aval para la creación de este concurso literario en su honor que solo fue presentado unos días después de su muerte, ocurrida en Ciudad de México el pasado 17 de abril, por lo que también se constituye en un homenaje al autor de Cien años de soledad  y  Crónica de una muerte anunciada.
En esta primera edición, gracias al apoyo del Ministerio de Cultura colombiano y otras instituciones oficiales, el galardón cuenta con un premio de 100.000 dólares, con lo que los organizadores pretenden convertirlo en un estímulo a los editores de España y América Latina para que den más espacio a los cuentos.
El apoyo institucional también se plasmará durante el acto oficial de entrega que contará con la presencia del presidente colombiano, Juan Manuel Santos.
Tras presentarse 125 relatos, los cinco finalistas seleccionados por el jurado son Las otras, de Carolina Bruck  de Argentina; Anoche dormí en la montaña, de Héctor Manjarréz de México; Una felicidad repulsiva, de Guillermo Martínez de Argentina; Quisiera tener la voz de Leonard Cohen para pedirte que te marcharas, de Óscar Sipán de España; y  Mis Documentos, de Alejandro Zambra de Chile.
El galardón también pretender asociarse con el "momento de iniciación en la escritura de García Márquez que fue a través del cuento", según explicó Gaitán, que recordó que el escritor colombiano debutó en la literatura con La tercera resignación, un  cuento publicado en el diario El Espectador en 1947.
Asimismo, subrayó que Gabo siempre consideró el cuento como "uno de los géneros más extraordinarios y difíciles" y destacó que el Nobel entendía que este género es "tan exigente, tan preciso y debe tener una terminación tan perfecta, que es superior a la novela".
"Dimos en el blanco de encontrar una veta no olvidada pero que no se le había dado relevancia en la vida literaria de García Márquez", añadió.
Gaitán también recordó que en la cultura anglosajona el cuento es "un género universal" y sus escritores son considerados "grandes maestros", algo que también sucede en otros países como en Rusia, país en el que Anton Chéjov, uno de los grandes de las letras universales, escribió relatos para niños.
"Se entra a la literatura a través del cuento y este género sirve para incentivar las ganas de leer", concluyó.
Con el objetivo de poner en valor el cuento, el galardón aspira a establecerse como uno de los más importantes en lengua castellana y que se consolide anualmente como referente en las premiaciones literarias internacionales.

miércoles, 10 de junio de 2015

Penguin adquiere la obra de García Márquez para cinco países suramericanos

El grupo Penguin Random House adquirió los derechos de todas las obras del Nobel colombiano Gabriel García Márquez para Colombia, Bolivia, Ecuador, Perú y Venezuela, informó la editorial

Gabriel García Márquez sigue publicándose en las formas legales e ilegales de la piratería editorial./lainformación.com
Esos países se suman a España, Argentina, Chile, Paraguay y Uruguay, donde Penguin ya tenía los derechos de publicación de las obras del Nobel, fallecido a los 87 años de edad el pasado 17 de abril en Ciudad de México.
"Para nuestro grupo editorial es un orgullo contar con la obra completa de uno de los escritores más célebres e influyentes del mundo, Gabriel García Márquez", señala Penguin en un comunicado.
La editorial destaca que estos derechos incluyen, entre muchos otros, títulos como "Cien años de soledad", "El coronel no tiene quien le escriba", "El amor en los tiempos del cólera", "El otoño del patriarca" y "Crónica de una muerte anunciada", "que hacen parte del patrimonio literario y de la cultura universales".
Según el comunicado, a partir del próximo 6 de diciembre todos los cuentos y las novelas del Nobel, así como su autobiografía "Vivir para contarla" y las crónicas "Relato de un náufrago" y "La aventura de Miguel Littín clandestino en Chile", estarán disponibles en las librerías y grandes superficies de Colombia y Ecuador.
La obra se relanzará para diferentes públicos en formato de bolsillo y ediciones con tapas dura y rústica bajo los sellos Literatura Random House y Debolsillo.
Los derechos de la obra de García Márquez en Colombia los tenía Editorial Norma, que en 2011 cambió su modelo comercial y abandonó el negocio de los libros de ficción para centrarse en los libros escolares y apuntar a las grandes superficies, supermercados y grandes cadenas de librerías como puntos de venta.
Eso hizo que la obra del Nobel colombiano dejara de llegar a las librerías colombianas en los últimos años lo que, tras la muerte del escritor, llevó al surgimiento de una campaña por internet, a través del portal change.org, para denunciar la paradoja de que en el país natal de García Márquez es donde menos acceso había a sus libros y pedir a Norma un cambio de su modelo comercial.
Penguin añadió que la obra periodística de Gabo, "Textos costeños", "Entre cachacos", "De Europa y América", "Por la libre", "Notas de prensa" y "Noticia de un secuestro", estará disponible en enero de 2015 en los países mencionados.
"La de García Márquez será siempre una sola voz que habla por Latinoamérica a través de coroneles arcaicos, estirpes condenadas, amores otoñales o ráfagas de mariposas amarillas; una pluma que llega con la misma fuerza a lectores de todas las condiciones sociales y culturales", agregó el grupo editorial.

martes, 9 de junio de 2015

El Premio Gabriel García Márquez de cuento se acerca a la recta final

El viernes se anunciará el ganador del I Premio Hispanoamericano de Cuento, creado en honor al Nobel

Consuelo Gaitán, directora de la Biblioteca Nacional, que coordina el premio./eltiempo.com
Un total de 145 libros se recibieron para competir por el I Premio Hispanoamericano de Cuento Gabriel García Márquez, que tiene una bolsa de 100.000 dólares (unos 213 millones de pesos) y cuyo ganador anunciará el próximo viernes el presidente Juan Manuel Santos en un acto en el Teatro Colón de la capital.

Para esta primera edición, el jurado está conformado por los escritores Mempo Giardidelli (Argentina), Cristina Fernández Cubas (España), Horacio Castellanos Moya (El Salvador), Ignacio Padilla (México) y Antonio Caballero (Colombia).

Ellos deberán elegir entre los cinco finalistas ya seleccionados, que son los escritores Alejandro Zambra (Chile), Carolina Bruck y Guillermo Martínez (Argentina), Héctor Manjarrez (México), Óscar Sipán (España).

La Biblioteca Nacional, órgano adscrito al Ministerio de Cultura, es la creadora y coordinadora del galardón como tributo al autor de Cien años de soledad. Y su directora, Consuelo Gaitán, cuenta detalles del premio.

¿Por qué decidieron que este género fuera el que premia el concurso en honor a Gabo?

Porque luego de hacer un recorrido por la vida y obra de García Márquez, encontramos que su paso a la vida literaria fue a través del cuento. Vale la pena recordar aquella anécdota cuando Eduardo Zalamea, que era director del suplemento literario de El Espectador, en 1947, escribió que ‘Colombia era un país sin cuentistas y que con Carrasquilla se acababa la tradición del cuento’. Y retó al que quisiera a que mandara un cuento que estuviera a la altura de las grandes plumas latinoamericanas. Fue cuando Gabo, a los 20 años, le envió La tercera resignación. Entonces, Zalamea se retractó, lo contactó y le dijo que lo publicaría. Cuando en México, en el 2013, el presidente Santos les hizo el ofrecimiento a Gabo y a Mercedes de crear un premio con su nombre para este género, a ellos les pareció una gran idea.

¿Por qué no fue escogido ningún colombiano entre los finalistas?

Concursaron muchísimos cuentistas colombianos. Sucede que la convocatoria estaba limitada al año inmediatamente anterior (2013) y no hubo una cantidad considerable de autores nacionales con libro. Precisamente la idea es estimular que los editores apuesten por el cuento, y hemos visto que este año ha habido mayor movimiento alrededor del género. La idea es generar un poco de profesionalización por la edición, pues algunos de los libros que llegaron son autoediciones.

¿De qué países se recibieron más obras?

Por Colombia, 25; por Argentina, 23; de España, 22; de Perú, 15; y de México, 10 libros. Otros países como Chile, Venezuela y Estados Unidos enviaron cinco libros cada uno. También llegaron publicaciones de Canadá, Ecuador, Costa Rica, Bolivia, Guatemala, Puerto Rico, Uruguay y hasta de Australia. El único requisito es que el libro fuera originalmente escrito y publicado en español.

¿Qué temáticas están abordando los cuentistas de hoy?

García Márquez dijo una frase muy sintomática alrededor del cuento: “El cuento parece ser el género natural de la humanidad, por su incorporación espontánea a la vida cotidiana”. Y lo que notamos es que precisamente la mayoría de cuentistas colombianos están abordando la vida diaria de las personas.

Con motivo del premio, también se creará la Biblioteca Hispanoamericana de Cuento Gabriel García Márquez. ¿En qué consistirá?

Una de las iniciativas que queremos llevar a cabo es esta colección, que estará en la Biblioteca Nacional, y también comprar las obras finalistas para las cerca de 1.400 bibliotecas de nuestra red nacional, para motivar en los jóvenes la lectura y la escritura del cuento, que es un género tan exigente.