viernes, 5 de junio de 2015

Gabriel García Márquez, cuentista

De cómo escribió sus cuentos

 
Gabriel García Márquez, en su homenaje un premio y cómo desarrolló su cuentística./lainformacion.com
Colombia iniciará el próximo martes un ciclo de homenaje a la faceta como escritor de cuentos de Gabriel García Márquez, que servirá como prolegómeno para la primera edición del premio hispanoamericano de este género que lleva el nombre del nobel, informaron hoy los organizadores.
Durante la celebración de este evento, que finalizará el próximo 21 de noviembre, día en que se entregará el galardón en Bogotá, diferentes expertos y teóricos del cuento y de García Márquez evocarán con charlas, conferencias y debates al autor colombiano que obtuvo el premio Nobel en 1982.
Una de los puntos álgidos de la celebración será la charla que mantendrán los escritores colombianos Antonio García y Luis Fayad con el argentino Mempo Giardinelli, uno de los escritores de cuentos más reconocidos del panorama internacional y cuya obra ha sido traducida a más de 20 lenguas.
Otro de los momentos importantes será la conferencia impartida por el historiador, escritor y periodista cultural Carlos Flores Sierra, en la que expondrá la fluida relación de García Márquez con la música.
Este ciclo es la antesala del primer Premio Hispanoamericano de Cuento Gabriel García Márquez, galardón nacido como un homenaje al nobel colombiano que se otorgará anualmente a un libro de cuentos con la condición de que su obra haya sido originalmente escrita en español.
Los cuentos finalistas en esta edición son "Las otras", de Carolina Bruck (Argentina); "Anoche dormí en la montaña", de Héctor Manjarréz (México); "Una felicidad repulsiva", de Guillermo Martínez (Argentina); "Quisiera tener la voz de Leonard Cohen para pedirte que te marcharas", de Óscar Sipán (España); y "Mis Documentos", de Alejandro Zambra (Chile).

jueves, 4 de junio de 2015

El Cervantes cumple cinco años en India con García Márquez y Octavio Paz

La sede del Instituto Cervantes en Nueva Delhi celebró su quinto aniversario con una representación de una obra del escritor mexicano Octavio Paz y un coloquio sobre el colombiano Gabriel García Márquez, entre felicitaciones por su labor en la difusión de la cultura española y latinoamericana

 
Gabriel García Márquez, autor de Cien años de soledad, sigue en homenajes póstumos hasta en la India.
Octavio Paz, autor de El laberinto de la soledad, también está de homenajes póstumos en un país de sus afectos espirituales: India./lainformacion.com
Los dos premios Nobel fueron eje articulador de una conmemoración que contó con la presencia de los embajadores en India de Cuba, Abelardo Cueto; Colombia, Mónica Lanzetta; y España, Gustavo de Arístegui, y un auditorio lleno a rebosar de estudiantes del centro.
El embajador español destacó que el de Nueva Delhi, pese a su juventud, es ya el segundo centro del Instituto en el mundo en número de matriculadas y actividades culturales.
Subrayó además que se ha convertido en una "casa común" para lo "español y lo hispánico, lo latinoamericano y lo español".
"Esto es solo el comienzo", agregó, al comentar que habrá nuevas actividades culturales para el año entrante.
Cueto destacó por su parte que el centro ha abierto a todos los latinoamericanos la oportunidad de "brindarle al pueblo indio lo que son nuestros pueblos".
En similar sentido se expresó Lanzetta, subrayando el carácter de "casa" para la cultura en español que ha adquirido en la nación asiática.
Lanzetta resaltó la importancia del coloquio sobre la figura de García Márquez, en el que participaron el escritor colombiano Conrado Zuluaga y la india Sonya Gupta, autora de la primera traducción de  Cien años de soledad  al hindi.
Antes, alumnos del centro representaron la obra "La hija de Rapaccini", de Paz.
El director del centro, Carlos Varona, aseguró que uno de los propósitos es ampliar la actividad del Cervantes en Nueva Delhi a diferentes puntos del país y continuar contribuyendo al quehacer de una institución que en India "ha hecho mucho en su tiempo de existencia".

miércoles, 3 de junio de 2015

Gabo y Mutis

 Me conmueve evocar que la amistad de tantas décadas que unió a Gabriel García Márquez con Álvaro Mutis jamás tuvo discordia

Álvaro Mutis y Gabriel García Márquez:una amistad de paradigma ejemplar./elpais.com

Quizá un posible alivio para los amores contrariados se anide en la amistad que perdure entre ambas partes y quizá el único escudo ante tanta mala noticia y necia neblina de desasosiegos se destile en la saliva del afecto que suele transpirarse en la camaradería. Decía Eliseo Alberto que hemos de creer en "la amistad a primera vista" si hemos de seguir en la esperanza del amor a primera vista, pero que una vez confirmada la epifanía de una amistad instantánea había que procurar con fidelidad y sosiego el abono constante de las palabras y las acciones que la nutren.
A mí me conmueve evocar —con intención de envidia y afán de plagio—que la amistad de tantas décadas que unió a Gabriel García Márquez con Álvaro Mutis jamás tuvo discordia, ni un sí con no. Fueron amigos desde un principio y hasta el final, incluso siguen sonrientes y en diálogo de párrafos ya interminables en las páginas de sus libros entrelazados y en las fotografías que aunque parecen volverse sepia conservan un ligero movimiento de animación donde parece que entre las sonrisas se esconden carcajadas, entre los labios aparentemente callados las citas o evocaciones de los libros memorables que leían de memoria y tantos viajes, anécdotas y vivencias comunes que parecen ser dos hombres que caminan sobre la gelatina de plata de viejas fotos en una suerte de filmación entrañable del afecto compartido.
Mutis sería el embajador de Gabo en México y quien lo convence de huir de Nueva York hacia la que habría de convertirse en su segunda patria 
De muy joven, cuando muchas cosas del mundo aún no tenían su nombre, Gabo frecuentaba la sala de música de la Biblioteca Nacional de Bogotá y se ponía a leer sin descanso, a la sombra de los grandes compositores que le llenaban la cabeza de rizos. En alguna ocasión dictó la receta infalible para cualquier aprendiz de melómano, argumentando que los mejores compositores de la música llamada clásica tenían todos apellidos que empezaban con la letra B: Bach, Beethoven, Brahms... Bivaldi y Bozart. Contaba Gabo que en sus visitas consuetudinarias a la sala de música de aquella Biblioteca de Babel solía aparecerse a las cuatro en punto de cada tarde "un melómano insufrible, de nariz heráldica y cejas de turco, con un cuerpo enorme y unos zapatos minúsculos como los de Buffalo Bill". Aquel gigante anónimo pedía sin piedad y a cada tarde el concierto para violín de Mendelssohn, que Gabo entre otros lectores de la sala supuestamente callada sinceramente aborrecían. Muchos años después, ya frente al pelotón cotidiano de la fama, Gabo escuchó que Mutis hacía un comentario sobre ese mismo concierto de Mendelssohn y, como quien descubre un error en una partida de ajedrez jugada en otro tiempo, exclamó al instante: "Carajo. De modo que eras tú".
Se sabe que Mutis sería el embajador de Gabo en México y quien lo convence de huir de Nueva York en ese largo viaje con Mercedes y Rodrigo hacia el México que habría de convertirse en segunda patria de todos ellos, cuna de su segundo hijo Gonzalo, y el nido donde floreció esa novela que se iba a llamar La casa y que hasta las últimas líneas dictó ella misma su título ya congelado en la memoria de la literatura de todos los tiempos como Cien años de soledad. Fue Mutis quien le regaló un ejemplar de Pedro Páramo al recién mexicanizado periodista que cuajaba cuentos como si fueran crónicas verídicas de la más pura imaginación, diciéndole "Tenga, para que aprenda" y fue Mutis quien luego lo acompañara a Estocolmo, años después entre flores amarillas y azorado ante el atuendo impoluto del Gabo. Fue Mutis quien presentó a Gabo con María Luisa Elío y Jomí García Ascot, los amigos infalibles a quienes está dedicada la novela que hila a todas las generaciones de los Buendía como espejo de tantas otras amistades de veras que se arremolinaron como enredadera en torno a la vera amistad que transpiraban ambos colombianos en cada aventura, cada párrafo y cada sobremesa, porque fue también Mutis quien quiso regalarle una historia completa de cabo a puerto para que la escribiera Gabo, y al paso de los años, fue el propio Mutis quien tuvo que narrarla él mismo bajo el título de La última escala del Tramp Steamer, para que se volviera perfecta y sincrónica con El amor en los tiempos del cólera, y tránsito ideal de los versos de la poesía a los párrafos de la prosa de un tal Maqroll el Gaviero que habría de transubstanciarse en otras seis novelas inagotables como quien sueña con una mujer que ha de volver a los brazos con la lluvia.
La Feria Internacional del Libro de Oaxaca no es la más grande, pero sí la más entrañable por el contacto directo entre lectores y autores
La Feria Internacional del Libro de Oaxaca lleva ya 34 ediciones anuales que —sobre todo en la pasada década— se consolida como el santuario de lectores que la colman, pero sobre todo, de escritores que asisten imantados por un aura de amistad no sólo entre ellos, sino con el editor Guillermo Quijas y toda la familia de colaboradores con los que sustenta las carpas de miles de libros de su propia editorial Almadía, sino todas las demás editoriales que se reúnen en esta feria que no es la más grande de México ni del mundo, tampoco la más ostentosa y pantagruélica, pero sí la más entrañable en el contacto directo de los grandes escritores que asisten a ella con los lectores que suelen no callarse sus preguntas, reclamos y alabanzas no sólo en las presentaciones, sino también en las muchas ramificaciones que llevan a los párrafos directamente a las aulas de la universidad, los pupitres de las escuelas de todas las edades y los encomiables círculos de lectura que se multiplican por obra y gracia precisamente de las amistades que se frecuentan con el pretexto de estar leyendo todos un mismo libros durante meses, sabiendo que al filo de cada noviembre tendrán la oportunidad de entrar en conversación con el autor.
En la edición de este año, con Colombia como país invitado y una generosa delegación de 100 talentosos y brillantes colombianos, la Fundación Gabriel García Márquez de Nuevo Periodismo Iberoamericano –encarnada en su director Jaime Abello Banfi—aportó un taller de puro periodismo puro a cargo de Martín Caparrós y Diego Fonseca, con un ramillete de notables periodistas jóvenes de diversos países y entre todos los editores, promotores culturales, novelistas, cuentistas y poetas colombianos venidos ahora a Oaxaca hay un innegable contagio de colombianización de Oaxaca y una mexicanización de sus cumbias y coloquios, vallenatos y poesía, cuentos y comidas, ya bien digerido por aquellos dos colombianos-mexicanos que hoy parecían caminar por las viejas calles, envueltos en una charla interminable sobre novelas francesas, un concierto recurrente de Mendelssohn al violín, las cabelleras negras de las mujeres infinitas, amores contrariados... y sí, eso que se llama amistad y que al parecer ha de durar ya para siempre.

martes, 2 de junio de 2015

México recuerda a los grandes de la literatura en el Día de Muertos

Que las catrinas  se mezclen con los paseantes, que proliferen las decoraciones con calaveras y que las pastelerías atraigan a los clientes con su pan de muerto solo puede significar una cosa, que una vez más, el Día de Muertos ya está aquí

México recuerda a los grandes de la literatura en el Día de Muerto./lainformacion.com
La Ciudad de México se dispone para celebrar la fecha en la que se rinde un homenaje, teñido de color y simbología, a los difuntos; tradicionalmente, el día de hoy se reserva a los niños, mientras que mañana llega el turno de los adultos fallecidos.
El corazón de la capital, el Zócalo, se reviste con su ofrenda monumental, esta vez dedicada a las letras, aunque "la literatura es un homenaje a la vida", según el director artístico de la instalación, César Martínez.
Veinticuatro calaveras gigantes, de tres metros de altura y dispuestas en dos círculos concéntricos, conforman la propuesta ideada por Martínez, una presentación "conceptual, de arte contemporáneo, pero recurriendo a elementos de la cultura popular y de la artesanía", explica a Efe.
Cada una de las calacas del círculo interior corresponden a un escritor, entre los que se encuentran aquellos recientemente fallecidos o que celebran su centenario, como es el caso de Octavio Paz o Julio Cortázar, explica Ramón Espinoza, uno de los artistas plásticos de la Fábrica de Artes y Oficios de Oriente (Faro), encargada de la artesanía.
Todas ellas están hechas a base de una estructura de metal, recubiertas de una "tela de gallinero", forradas de papel de periódico y papel kraft y pintadas a mano.
La calavera del escritor mexicano José Revueltas, negra y con motivos azules y amarillos, mira hacia el Palacio Nacional, recitando desde su interior los versos de poetas como Xavier Villaurrutia.
Muy cerca de ella y orientada en la misma dirección, otra completamente blanca se presenta con la dedicatoria "A la memoria de sus vidas"; un recuerdo, según Martínez, de que en México "la muerte también ha generado un dolor social impresionante".
Mientras, en el lado opuesto de la plancha del Zócalo, se encuentra la del colombiano Gabriel García Márquez, decorada con una gran mariposa monarca; es la que más capta la atención de los visitantes, que se agolpan frente a ella para inmortalizarla con sus cámaras.
Los niños esperan su turno para pintarse la cara como una calavera, y algunos adultos pasean bajo el papel picado de colores que decoran las calles disfrazados de "catrinas", la figura alegórica en forma de esqueleto que evoca a la muerte.
Es solo un aperitivo de lo que se podrá encontrar a los pies del Monumento a la Revolución, donde hoy se intentará batir un récord mundial con la mayor concentración de personas vestidas como este popular personaje.
Los altares, durante estos días, se reparten por cada esquina de la ciudad. A pocos metros del Zócalo capitalino se levanta, en la Casa de la Primera Imprenta de América, una ofrenda dedicada a José Emilio Pacheco.
En sus cuatro escalones reposan unas gafas semejantes a las que el escritor empleaba, así como botellas de tequila y paquetes de cigarrillos, siguiendo el ritual de aportar aquellos productos que el muerto disfrutaba en vida.
Entre las paredes de piedra volcánica del Museo Anahuacalli se rinde homenaje a su fundador, Diego Rivera, a través de un altar tradicional, que viene acompañado por escenas de la vida del artista mexicano: de niño, junto a su segunda mujer, Lupe Marín, y retratando a Dolores Olmedo.
En cada zona de México la disposición de los elementos de las ofrendas varía, aunque en los altares, fruto de la combinación de la tradición prehispánica y española, no pueden faltar elementos como las veladoras, las calaveras, la sal, el agua, el incienso.
Y por supuesto, la flor de cempasúchil, que acorde a la creencia, tiene la cualidad de guiar a los muertos.
Precisamente, el cempasúchil es el eje central de la ofrenda temática que presenta el Museo Panteón de San Fernando, donde sus huéspedes, entre ellos los expresidentes Benito Juárez y Vicente Guerrero, se ven rodeados estos días por el intenso amarillo de estas flores.
"Esta es una fecha para recordar a los familiares difuntos, pero no lamentando, sino dejándolos ir y disfrutar del espacio en el que están", explica a Efe la encargada del área de servicios educativos Museo, Laura Castro.
También se refleja la idea de que "el mexicano juega con la muerte, se hace caricaturas con ella y hay canciones que dicen que la vida no vale nada", añade.
En las artesanías que se venden estos días en los pequeños puestos, las calacas son el motivo omnipresente.
La burla y el juego con la muerte se plasman en los objetos decorativos; ejemplo de ello son las frases humorísticas escritas sobre pequeños huesos, a modo de epitafios. "Imaginen -reza uno de ellos- cómo quedó el otro".

lunes, 1 de junio de 2015

Ciclo: Varia Literaria III

Recordando a Gabo
Año Gabriel García Márquez
abril 2014- abril 2015

Gabriel García Márquez, 1927-2014, sudario./Rodrigo García Barcha
Macondo está de luto. La tierra está en duelo porque un demiurgo ha muerto. Pero tenemos el consuelo que su obra perdurará, y cuando todos seamos polvo de olvido, su nombre y sus novelas seguirán vigentes porque Él escribió para el tiempo y la memoria, y no para el olvido.
Nosotros tenemos el orgullo que sin las coyunturas de su desaparición, le hicimos en vida el Homenaje 85 años de Gloria; 45 años de la publicación de Cien años de soledad ; y 30 años de la entrega del Premio Nobel de Literatura 1982 durante el segundo semestre de 2012.
Como he repetido siempre, el mejor homenaje a un escritor, y por supuesto, Gabriel José de la Concordia García Márquez era un escritor para la memoria y el tiempo, es leerlo, reeleerlo...
Gabo que estás en los cielos hasta siempre...
Marcelo Del Castillo





Recordando a Gabo





Momentos tras Gabo


Gabriel García Marquez, el hijo del telegrafista.

Finalistas Premio Hispanoamericano de Cuento Gabri... García Márquez, el gran conspirador  Puertorriqueño reúne en libro anécdotas de encuent...  Por ley emitirán billetes con imagen de Gabriel Ga...
Rubén Blades y Gabo, dos 'mamadores de gallo' irre...  El oficio y el homenaje Gabo sigue arropando al periodismo El periodismo en torno a Gabo La Eurocámara rinde homenaje a Gabriel García Márq...  Parlamento Europeo rendirá homenaje a la memoria d...  Cuarto Concurso de Escrituras Creativas de BibloRe... Gabo periodista: la última etapa





viernes, 29 de mayo de 2015

Finalistas Premio Hispanoamericano de Cuento Gabriel García Márquez

Se anuncian los cinco finalistas del Premio Hispanoamericano de Cuento Gabriel García Márquez

 
Las obras finalistas al Premio Hispanoamericano Gabriel García Márquez./mincultura.gov.co


Cinco escritores de Argentina, Chile, España y México son los finalistas de la primera edición del Premio Hispanoamericano de Cuento Gabriel García Márquez, creado en memoria de nuestro Nobel de Literatura. El ganador recibirá un estímulo de cien mil dólares, en una ceremonia que se realizará el próximo 21 de noviembre, en la capital colombiana.

Bogotá D.C, 31 de octubre de 2014. La primera edición del Premio Hispanoamericano de Cuento Gabriel García Márquez, creado por el Ministerio de Cultura y la Biblioteca Nacional de Colombia, con el apoyo del Instituto Cervantes, como un importante estímulo al género literario en el que Gabriel García Márquez fue maestro de maestros, seleccionó a sus cinco finalistas.

Después de cuatro días de deliberación, el jurado del Premio, conformado por Antonio Caballero, de Colombia; Horacio Castellanos Moya, de El Salvador; Cristina Fernández Cubas, de España; Mempo Giardinelli, de Argentina e Ignacio Padilla, de México, seleccionó a los siguientes cinco escritores y sus libros, como finalistas del Premio de cuento más importante en el idioma español.

Los finalistas son:

*Carolina Bruck, con su libro Las otras.

Adriana Hidalgo Editora (Argentina)

*Héctor Manjarréz, con Anoche dormí en la montaña.

Ediciones Era (México) 

*Guillermo Martínez, con Una felicidad repulsiva.

Editorial Planeta. (Argentina) 

*Óscar Sipán, con Quisiera tener la voz de Leonard Cohen para pedirte que te marcharas.

Editorial Base (España) 

*Alejandro Zambra con Mis documentos.

Editorial Anagrama (Chile) 

En esta primera edición del Premio, que pretende constituirse en referente para el campo literario de la creación y el universo editorial en lengua española, así como un invaluable esfuerzo en prolongar el legado de cuentistas tan importantes y destacados en el dominio del género, como lo fueron Jorge Luis Borges, Juan Rulfo, Julio Cortázar y el propio Gabriel García Márquez, participaron en total 123 libros de cuentos publicados en 2013.

El ganador del Premio Hispanoamericano de Cuento Gabriel García Márquez, quien recibirá una estímulo de cien mil dólares, se conocerá el viernes 21 de noviembre, en el marco de una semana de actividades que reunirá a los jurados, finalistas y a escritores colombianos, en la ciudad de Bogotá.

Finalistas:

Carolina Bruck (La Plata, 1971) Es profesora de Letras (UNLP) y magíster en Creación Literaria por la UPF (Barcelona), donde escribió su tesis dirigida por Juan Villoro. En 2008 recibió el primer premio en el V Concurso Nacional Macedonio Fernández por su primer libro de relatos, Fast Food. Sus textos integran, entre otras, las antologías Emergencias (Barcelona, Candaya, 2013) y ¡Basta! Cien mujeres contra la violencia de género, edición Argentina (en prensa).

Héctor Manjarrez (Ciudad de México, 1945) es narrador, poeta, dramaturgo, ensayista, autor entre otros libros de los volúmenes de cuentos No todos los hombres son románticos y Ya casi no tengo rostro. Ha obtenido los premios Diana Moreno Toscano, Xavier Villaurrutia, José Fuentes Mares, Internacional de Novela de la Diversidad y Nacional de Narrativa Colima.

Guillermo Martínez (Bahía Blanca, 1962) En 2003 obtuvo el Premio Planeta de Argentina con la novela Crímenes imperceptibles. Traducida a 35 idiomas, fue llevada al cine por Álex de la Iglesia. Colabora habitualmente con artículos y reseñas en distintos medios. Es uno de los autores argentinos más traducidos en el mundo.

Oscar Sipán (Huesca, 1974). Galardonado en numerosos certámenes literarios y autor de los libros Rompiendo corazones con los dientes (Premio de Novela, Odaluna, 1998), Pólvora mojada (XVII Premio de Narrativas Santa Isabel de Aragón, Reina de Portugal 2003, Diputación de Zaragoza), Leyendario. Monstruos de agua (2004, March Editor), Escupir sobre París (2005, March Editor).

Alejandro Zambra (Santiago, 1975). Es autor de Bahía Inútil (1998), Mudanza (2003), Bonsái (2006), La vida privada de los árboles (2007), No leer (2010), Formas de volver a casa (2011) y Mis documentos (2013). Sus novelas han sido traducidas a más de diez idiomas. Estudió literatura en la Universidad de Chile y es profesor en la Universidad Diego Portales.

Sobre el Premio

El Premio se otorgará anualmente a un libro de cuentos de un escritor, con la condición de que su obra haya sido originalmente escrita en español y editada por primera vez el año inmediatamente anterior al de la convocatoria.

Gabriel García Márquez, quien falleció el pasado 17 de abril, escribió alrededor de cuarenta cuentos, entre los que se destacan: "El ahogado más hermoso del mundo", "Ojos de perro azul", "La mujer que llegaba a las seis", "En este pueblo no hay ladrones", "Un señor muy viejo con unas alas enormes" y "La luz es como el agua", relatos que ocupan un destacado lugar en la historia de la literatura universal.

Esta primera edición del Premio se convierte además en motivo de conmemoración del aniversario número 67 de la publicación del primer cuento del Premio Nobel colombiano, escrito en respuesta a Eduardo Zalamea, el entonces editor cultural de el diario El Espectador, quien sostenía que no había un escritor en Colombia que fuera capaz a medírsele a escribir una obra literaria con el rigor y la precisión que exige el género. El resultado quedó plasmado en el cuento "La tercera resignación" (1947).

La iniciativa, a cargo del Ministerio de Cultura y la Biblioteca Nacional de Colombia, con el apoyo del Instituto Cervantes, se constituye de esta manera en un importante estímulo a este género literario en el que Gabriel García Márquez ha sido maestro de maestros.


jueves, 28 de mayo de 2015

"El otoño del patriarca", la novela más compleja de Gabo

Hace 40 años García Márquez sorprendió con la novela de mayor riesgo literario

El otoño del patriarca de Gabriel García Márquez./eltiempo.com

El otoño del patriarca es la novela de mayor riesgo formal y temático de la narrativa de García Márquez.
Es como si el escritor colombiano, inspirado en una avalancha creativa y en la imagen poética, hubiera experimentado con lo más excelso de su conocimiento literario.
El libro soñado, el libro total, aunque ya en Cien años de soledad había creado un mundo exuberante y autónomo, que resumía la historia de América Latina; aquí se lanzó a romper la tradición y las estructuras moderadas y a sustentar este arrollador relato solo en el lenguaje.
La palabra, el ritmo, el sonido, como fuente del idioma, y darle su propia tonalidad castellana y caribeña. Por eso, tal vez fue su libro más querido y la menos leída de sus novelas más conocidas.
Cuenta Gerald Martin que la primera vez que conversó con Gabo pensó que iban “a ser amigos del alma”. La segunda vez notó que algo había cambiado y se dio cuenta de que este había hojeado su libro Journeys through the Labyrinth (1989), donde afirmaba que El otoño era una novela “demagógica y políticamente escapista”. Gabo, en tono vehemente, le dijo que “el dictador de la novela era su retrato íntimo autobiográfico y que si no había intuido una cosa tan obvia no veía cómo podía pretender convertirme en biógrafo suyo”.
Fue un momento embarazoso. Martin sintió que no sería su biógrafo y balbuceó que la novela le encantaba a su esposa y “que al volver a casa le pediría una tutoría. Fue la cosa más patética y ridícula que había dicho en toda mi vida, pero algo hizo para suavizar el impacto de su lectura y logramos seguir con la conversación”.
Cien años apareció en 1967 y El otoño, ocho años después, 1975. Es decir que luego de la épica macondiana emprendió esta difícil cruzada a la sombra de su obra maestra, como echando al viento y los mares su talento y probándose a sí mismo que todavía podía hacer algo grande y diferente.
José Vicente Kataraín, quien publicó el libro en Colombia, tres años después de la edición de Plaza & Janés en España, dice que “es un culto al idioma, a la palabra, un desafío a la Academia Española de la Lengua, sin la puntuación convencional, una retahíla de plaza pública, descomunal. No es un libro para leer sino para ser oído, es un libro musical. Y también un aporte a la literatura sobre los dictadores en la América Latina”.

La estructura

Gabo utiliza un narrador omnisciente, que no es uno solo, somos todos, los que asistimos al derrumbe del dictador y de una patria que semeja un círculo dantesco de la Divina comedia, en parodia tropical, y es precisamente un lunes en la madrugada cuando “la ciudad despertó de su letargo de siglos con una tibia y tierna brisa de muerto grande y podrida grandeza… No tuvimos que forzar la entrada, pues la puerta central pareció abrirse al solo impulso de la voz”.
Vamos del pasado al presente y los tiempos fluyen como las aguas briosas de un río que desemboca en el océano infinito de la imaginación. Es el realismo mágico llevado al extremo, sustentado en el lenguaje. Dentro de ese maremágnum de palabras, de hipérboles, aparecen algunos personajes entre las brumas con arrobador magnetismo, inolvidables, tallados con plumazos vibrantes, fragmentados, pero movidos por una corriente subterránea en una delirante narración.
La manera de involucrar los personajes es magistral, pues siempre giran alrededor del patriarca, para bien o para mal. Son satélites que viven bajo el dominio o la sombra del ungido, del que manejaba esa república de la infamia como el patio de su casa.
Es el caso de Patricio Aragonés, un doble perfecto del tirano, un bandido honorable que se hacía pasar por él y cobraba impuestos en su nombre. Al tenerlo al frente padeció “la humillación de verse a sí mismo en semejante estado de igualdad, carajo, si este hombre soy yo”. Entonces lo contrató para apaciguar sus temores y paranoias, y no lo hizo fusilar en el acto, no solo por el interés de tener un suplantador oficial, sino porque lo “inquietó la ilusión de que las cifras de su propio destino estuvieran escritas en la mano del impostor”.
El doble sobrevivió a seis atentados, compartió las amantes del patriarca, tuvo hijos que no se sabían si eran del verdadero o del impostor, y todos, paradójicamente, nacieron sietemesinos.
“Aquella confusión de identidades alcanzó su tono mayor una noche de vientos largos en que él encontró a Patricio Aragonés suspirando hacia el mar y pensó que era un mal aire y era que había bailado con una reina de carnaval y no encontraba la puerta para salir de aquel recuerdo”.
Aragonés se convirtió en el ser más respetado y más temido. El poder detrás del poder. La máscara que ocultaba otra máscara. El pobre Aragonés, a diferencia del original, solo quería que lo quisieran, no pedía más. Y un dardo envenenado lo mandó a la muerte, pero antes le dijo: “yo soy el hombre que más lástima le tiene en este mundo porque soy el único que me parezco a usted”.
No sé si es más grande que Cien años de soledad, pero sí, con seguridad, la aventura más avezada y conmovedora del hijo de Aracataca. El mar apagado, encendido del Caribe, su historia, las mujeres henchidas de placer y tedio, vaporosas, letales, un mundo en ruinas, apocalíptico, detenido en sus miserias y felicidades efímeras, “leopardos dormidos sobre los rieles”, “y era un coro de voces tan numerosas y distantes que él se hubiera dormido con la ilusión de que estaban cantando las estrellas”.
Son trescientas páginas avasallantes, totalitarias, allanamientos a la imaginación, al lugar común, al lugar inventado, que mantienen el pulso, la tensión, la pausa, lo que ya sabemos, lo que está por venir, un lenguaje que devora al lector, un mundo caótico, de contornos que recuerdan a Gargantúa y Pantagruel, y un intento por revitalizar al poeta fallido o tímido que había sido, pues Gabo en su adolescencia ensayó algunos poemas, y fue un gran lector del siglo de oro español y de Rubén Darío, pero se decidió por la prosa, escribiendo primero cuentos y después novelas.
En esa patria bobalicona y salvaje, el nuncio apostólico invitaba al patriarca a convertirse a la fe de Cristo, mientras tomaban chocolate con galleticas, y con burla le respondía: “Que si Dios es tan macho como usted dice, dígale que me saque este cucarrón que me zumba en el oído… y le mostraba la potra descomunal, dígale que me desinfle esa criatura”, y antes de irse le reiteraba: “no gaste pólvora en gallinazo, padre, para qué me quiere convertido si de todas maneras hago lo que ustedes quieren, qué carajo”.

Las mujeres

Bendición Alvarado, su madre, una pajarera, supersticiosa, “decrépita pero con el alma entera”, rodeada de jaulas de pájaros inverosímiles, que fue canonizada por decreto luego de morir, era la que sabía de la miseria en que nació, la que intuía sus sueños y acciones más espantosas, que le contó cómo echaron su placenta de alimento a los cerdos y un día memorable que vio a su hijo con el uniforme de etiquetas con las medallas de oro y los guantes de raso se le salió la imprudencia de decir que si ella hubiera sabido que su hijo iba a ser Presidente de la República lo hubiera mandado a la escuela y entonces de la vergüenza pública la desterraron a la mansión de los suburbios, un palacio de once cuartos que él había ganado en una noche de dados.
Leticia Nazareno, la primera dama, el amor sublime, a tal punto que de los cinco mil hijos, todos sietemesinos que tuvo el tirano, solo uno llevó su nombre y apellido y fue el que tuvo con Leticia. La mujer que “se desangró de llanto en el jardín de la lluvia”, cuando lo creyó muerto en una de sus tantas muertes y que cuando lo atacó la peste del olvido por las grietas de su memoria su imagen permaneció en una tira de papel donde escribió: “Leticia Nazareno de mi alma mira en lo que he quedado sin ti”.
Un personaje femenino entrañable y misterioso es Manuela Sánchez, la reina de belleza de los pobres, que vivía en el barrio de las peleas de perro, donde algunos “burros perdidos entraban caminando por un extremo de la calle y salían al otro lado convertidos en un costal de huesos”.
Es el amor platónico, el imposible, la más bella entre las bellas, la de glúteos redondos como “culos de ángeles”, la de una rosa magnífica y secreta entre las piernas y una mirada inocente que a la vez invitaba a la lascivia y a la perdición, la maldita que lo dejó viendo un chispero, a la que le dijo: “Por qué te tengo que encontrar si no te me has perdido”.
Y a veces García Márquez apela a la primera persona de sus personajes y Manuela exclama: “Dios mío, qué hombre tan triste, pensé asustada”, para luego retornar a la tercera persona: “y preguntó sin compasión en qué puedo servirle excelencia, y él contestó con un aire solemne que solo vengo a pedirle un favor, majestad, que me reciba esta visita”.

El fin

André Breton y sus compinches del surrealismo habrían gozado leyendo este genial exabrupto. Un banquete al paladar de la imaginación y al oído, igual a una sinfonía de vientos y percusiones que recrean un mundo decadente y moribundo, que nos recuerda en ocasiones a “La carroña” de Baudelaire, en el que lo putrefacto también posee un sentido de la belleza. O las “Ruinas circulares”, de Borges, en el cual lo onírico y lo real se funden, perdiéndose el nombre de las cosas en un universo degradante y cíclico. Es el tiempo aniquilado por el vértigo, un cometa que pasa cada cien años de soledad, una metáfora de la tiranía y la desmesura.
En cuanto a lo que le sentenció a Martin, de ser un relato autobiográfico, ignoramos qué de su contorno es real o de su propia naturaleza, y no importa, pero sí podemos especular cómo al final de la vida del escritor la peste del olvido lo emparenta con el personaje de su creación: “Él estaba a merced de sus sueños de ahogado solitario hasta el amanecer, pero se despertaba a saltos imprevistos, pastoreaba el insomnio, arrastraba sus grandes patas de aparecido por la inmensa casa en tinieblas… oía vientos de lunas en la oscuridad” y se perdía en sus recuerdos de grandeza sin saber quién había sido, solo algunas epifanías le devolvían la lucidez y a tientas se fue de este mundo soñando con una o dos mujeres que vibraban ya pálidamente en su memoria y a orillas de un mar gigantesco y viscoso su muerte le anunció al mundo “la buena nueva de que el tiempo incontable de la eternidad había por fin terminado”.